Texto atracones

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09 septiembre 2016

Cada cosa a su (jodido) tiempo

Cuando tenía unos 11 años, un fin de semana se me ocurrió preparar un pastel. Cogí una receta de una revista de mi madre, le pedí a ella que me comprara todos los ingredientes y que me dejara en la cocina a solas toda una tarde, porque quería hacerlo sola. Mi madre me compró los ingredientes, buscó para tener a mano el teléfono de urgencias (no me lo dijo, pero seguro que lo hizo) y se aprovisionó de bayetas y jabón, en previsión de la que yo iba a liar en la cocina. Y sí, efectivamente, la lie y gorda, porque las salpicaduras llegaron hasta el techo.

Freepik
Pero a mí me había poseído el alma de Arguiñano (no sé si en aquellos años ya era conocido), ahí estaba yo haciendo masa, batiendo, usando cachivaches que no había visto en mi vida… y llegó el momento en que ya estaba todo listo y sólo hacía falta meter el molde con la masa en el horno. En la receta ponía algo así como “hornear 40 minutos a 200º”, así que como yo soy muy lista y ya lo era desde pequeña pensé “40 minutos a 200º… pues es lo mismo que 20 minutos a 400º, matemática básica”. Lo metí en el horno, giré la ruedecilla hasta los 400º… y me dispuse a esperar con la nariz pegada en la ventanilla (y con la luz interior encendida) a ver nacer mi retoño… Los minutos pasaban, aquello empezó a crecer, a coger colorcillo por fuera, a tostarse por fuera, a quemarse por fuera (¡ay que la he liado!, ¿abro la puerta del horno?)… hasta que explotó. Del susto me caí de culo frente al horno y ahí que llegó mi señora madre a ver qué había pasado porque había escuchado un ruido. Ruido de mi culo contra el suelo… no del pastel pringoso estamparse contra todo el horno.

Después de sus risas de rigor me intentó explicar que no era lo mismo 40 minutos a 200º que 20 minutos a 400º porque la masa necesitaba un tiempo propio y que la cocción era de dentro hacia a fuera. Yo la miraba con cara de cachorro: “te quiero pero no entiendo nada de lo que dices”. Os diré que aún sigo sin verlo claro… para mí era (y es) lo mismo. Tranquilos, no he vuelto a cocinar repostería.

En lo que sería una pauta habitual en mi vida de no conseguir las cosas a la primera ni a la segunda, meses después en el colegio nos hicieron hacer un experimento: hacer crecer una alubia envuelta en algodón y metida en un vaso de yogur. Quizás alguien lo recuerde, exeperimento typical EGB. Bien, pues yo planté mi alubia, miré al día siguiente y ahí no había crecido nada, miré al tercer día y ahí ya empezaba a asomar algo. Así que pensé… “si en tres días ha crecido sólo esto, seguro que hay una forma de acelerarlo y de aquí a una semana estará enorme”. Yo no sé si es que en ese momento me imaginaba que aparecería a la semana siguiente en el cole con un árbol o qué pero bueno…

Así que, ¿qué le podía poner a la alubia para que creciera más rápido? Pues lo mismo que mi madre le ponía a las alubias… Tomate, aceite, chorizo, jamón, zanahorias… ¡y agua mucha agua, porque las plantas hay que regarlas mucho para que crezcan antes! Para mi mente, si yo cocinaba todo eso, salía una comida. Si no lo cocinaba, salía una planta. Si la regaba poquito, crecía poquito. Si la regaba mucho, crecería en dos días. Resultado: RIP alubia.

Con el paso de los años, confieso que mis teorías no me parecen tan descabelladas, para mí son de sentido común pero oye… nadie me entiende. Así que he optado por no entender el porqué de algunas cosas pero aceptarlas. ¿Que cada cosa necesita su tiempo? Perfecto, yo les doy su tiempo pero… sigo sin comprender el porqué.

No es lo mismo 40 minutos a 200º que 20 minutos a 400º.
No es lo mismo perder 10 kilos en un año comiendo de forma sana que perder 10 kilos en 1 mes haciendo dieta.

¿A que ahora ya nos empezamos a entender...?

Mal que me pese, cada cosa necesita su tiempo. En algunos casos lo podremos acelerar un poquito y en otros no. En otras situaciones, nos vamos a tener que armar de kilos de paciencia y perseverancia para ver resultados, aunque eso nos desespere.

Cuando estuve en tratamiento…

     - Pensé: si sigo las pautas de alimentación y hago ejercicio y estoy perdiendo peso… si como menos y hago más ejercicio perderé más peso, me curaré ante. ¡Error! Me lo tuvieron que explicar: el cuerpo necesita alimentación adecuada para hacer ejercicio, están los efectos rebote, no le estoy enseñando a mi cuerpo a comer sano y saludable, ya tengo un trastorno alimenticio no hace falta otro, la comida no es el problema sino mi mente, el cuerpo se tiene que acostumbrar a una vida sana o se me joderá el metabolismo… y un larguísimo etcétera…

     - Yo tenía una lista de cosas que me producían miedo o ansiedad a hacer en esta vida y me habían hecho ordenar cada cosa de menor a mayor miedo. Así que pensé: puedo ir de una en una bajando por la lista hasta llegar a la más grave para mí o… puedo poner todo el esfuerzo en enfrentarme a la última de lista y así el resto será pan comido. ¡Error (otra vez)! Necesitaba pasar por cada una de esas situaciones para APRENDER: tenía que enfrentarme a mis miedos, luchar con el deseo de atracones ante cada situación de ansiedad, enfrentarme a cuando las cosas salieran bien, enfrentarme a cuando las cosas salieran mal, enfrentarme a cuando las cosas se cancelaran, enfrentarme a imprevistos… es decir, hablábamos de meses de aprendizaje, no de 24h en plan terapia de choque en una única situación.

Y como estos decenas de ejemplos de mi época en tratamiento y de mi vida diaria… CADA-COSA-NECESITA-SU-TIEMPO. Y algunas cosas necesitan años… esté yo de acuerdo o no.

Mi tiempo en tratamiento por el trastorno por atracón fue una semilla (grandota, pero semilla), mis visitas con psicólogas (fue otra semilla), mi predisposición a enfrentarme a las cosas (otra semilla), mis planificaciones (otra semilla), entonces, ¿por qué mis meses de agosto eran una puñetera mierda?
El año pasado os contaba como lo pasé aquí, y hace dos años en el 2014 fue durísimo aquí

¿Y este agosto 2016? Pues ha estado bien. La verdad es que ha estado muuuy bien. Y eyyy sólo ha tardado tres años en llegar… así que mirando hacia atrás, da exactamente igual todo lo que yo planificara años anteriores y me preparara, este tema en concreto NECESITABA SU TIEMPO para hornearse y, por fin, ha sonado el timbre del horno que me dice que el pastel está listo.

He estado súper tranquila este mes, he trabajado unas semanas y otras no. Y cuando no, he hecho lo que me apetecía y me lo he pasado muy bien: he dormido y descansado muchísimo, me he puesto al día de series, he ido al gimnasio, he salido a pasear, de compras (por fin tengo en casa un zapatero extra XXXXL para todos mis zapatos), he salido de fiesta porque me apetecía, no para llenar horas, he ido al cine, he leído libros, he ido a la playa y de excursión, me ha dado por hacer arteterapia… pero sobre todo lo más importante es que el agujero, ese vacío inmenso del que os hablaba, ha desaparecido. Y lo ha hecho justamente cuando a finales de julio decidí: “que sea lo que tenga que ser, no planifico nada para llenar horas y que el tiempo pase más rápido”.

Aún sin terminar, uno de mis pasatiempos veraniegos

Os diría que he tenido cero ansiedad, os diría que no he estado intranquila ni agobiada ni preocupada, pero lo cierto es que ha sido mucho más que eso. He estado súper relajada, he descansado, he disfrutado de estar sola en mi casa sin nada que hacer (algo que me aterraba hace nada, justo el año pasado), he estado todo el mes con una pachorra brutal. No hay vacío.

No lo he visto desaparecer, porque no sé cuándo ocurrió. Este año no hice nada para enfrentarme a él, simplemente supuse que estaría ahí como otros años, peor no podía ser, pero cuando miré… no estaba.

Cada cosa necesita su tiempo. Son ya más de tres años desde que me dieron el alta del centro donde me trataba por el trastorno por atracón y tres años después ha sucedido.
Ha pasado un año desde mi agosto pasado y en mi post de entonces os escribía esto: “el calor se va, ya estoy fuera de la tormenta emocional y de ansiedad del verano (…) ¿Qué si mi agosto ha sido malo? Pues sí, ¿pero igual o peor que otros años? Pues ni igual ni peor, un poquitirrinín mejor. Sí, ha habido mejoría". Han pasado más de 365 días y porque cada cosa necesita su tiempo… el de este año ha sido el agosto definitivo en el que todo ha cambiado.

Creedme, si pudiera deciros como acelerar las cosas lo haría. Bueno, acelerarlas ya os he demostrado que sé, pero que salgan bien no… Pero tengo que reconocer que mi madre tenía razón cuando me lo dijo hace más de 20 años, igual que mi profesora del colegio cuando le entregué mi “estofado de 1 alubia”: cada cosa necesita su tiempo.

Poned las semillas, preparad la masa. Traducido: si tenéis un problema, buscad ayuda profesional. Y luego… paciencia, que sea el ritmo que tenga que ser. Porque cada cosa necesita su tiempo.

23 junio 2016

"Yo no puedo"


Sólo tres palabras que pueden provocar miles de emociones. Y todas negativas.

Cada vez que decimos o nos decimos a nosotras mismas sin darnos cuenta “Yo no puedo” (un ángel pierde sus alas, que también…) nos estamos cargando en nuestra mochila multitud de sentimientos y emociones destructivas que luego atesoramos y nos negamos inconscientemente a soltar: decepción, frustración, autofustigación, fracaso, desilusión, desesperanza, culpabilidad…

¿Qué a ti estas palabras no te suenan? Pues una de dos: o te felicito porque estés por encima de ellas y las sepas gestionar, o… te estás engañando.

Pero si el “Yo no puedo” ya de por sí es demoledor, ni os cuento cuando empezamos a jugar con los tiempo verbales…

Estas tres fases-tipo explícitas han resonado en mi cabeza y han salido por mi boca durante mucho tiempo. Y no hace falta que estén juntitas, por separado también han campado a sus anchas por dónde querían, cuándo querían y todo el tiempo que querían.

Yo no puedo hacerlo
Yo nunca he podido hacerlo 
Yo jamás podré hacerlo

Y sé que no soy la única porque leo y oigo las mismas palabras cuando se refiere a la gestión de los trastornos por atracón: “Es que no puedo hacerlo”, “es que nunca he podido”… Y la última suele abundar sobre todo cuando hay un alto grado de desesperación y/o cansancio mental ¡y físico! después de estar varios años luchando: “es que ya veo que yo jamás podré”.

El problema de estas tres frasecitas no es sólo lo que dicen, sino todo lo que esconden. Llevan implícitos los siguientes mensajes que nuestro cerebro se acaba creyendo de tanto repetirlos:

No soy capaz / No tengo lo que se necesita / no soy lo suficientemente buena para conseguirlo / soy un fracaso / nunca consigo nada / siempre fallo… y un laaaaaaaaaaaaaaaargo etcétera de frases parecidas.

Por mi experiencia, sobre todo en el tema de atracones, en ocasiones me he encontrado con personas (amigos, familiares, mi entorno social…) y con algún que otro psicólogo / nutricionista / endocrino (por suerte pocos y dejé pronto de ir a ellos) que estaban más que dispuestos a hacerme cambiar de opinión (¡ja! ilusos) utilizando la técnica bautizada por mí como “diálogo besuguil de repetición”:

Yo: No puedo hacer esto
No-yo: Que sí que puedes, mujer.
Yo: No, que nunca he podido.
No-yo: es que eres tozuda
Yo: Que no, que no puedo
No-yo: que sí puedes
Yo: Que no puedo, lo sabré yo que me conozco
No-yo: que sí que puedes
Yo: Llevo años sin poder
No-yo: pero seguro que puedes, inténtalo
Yo: ¿y por qué crees que puedo?
No-yo: ……………..
Yo: ¿qué te hace pensar qué puedo? ¿me conoces tanto? (a la yugular directamente) hay personas con capacidades y otras que no, hay gente que puede y gente que no y yo no puedo.
No-yo: bueno… yo… creo… que… puedes…
Yo: ¿Por qué lo crees? Llevo años sin poder y en el presente aún no puedo… ¿me lo explicas? Dame argumentos convincentes aplicados a mi persona que realmente expliquen que yo sí que puedo y no me vendas frases de Paulo Coelho positivas y a-tope-full-de-energía-y-optimismo.
No-yo: bueno, vale, pues no puedes, cojones…

Ala, jaque mate.

Pero es que resulta que esta forma de pensar ¡y de ser! (soy Tauro con ascendente Leo por aquello de echarle la culpa a alguien de lo tozuda que soy) me dura poco. Y no es que yo lo diga, es que si echo la vista atrás me doy cuenta de que por tantas veces que he dicho “No puedo”, otras tantas he movido el culo para poder. ¡No al momento! Ni de coña… con algunas cosas he tardado poco y con otras más años. El ejemplo más claro: años y años de atracones con el “no puedo salir de esto” en mente peeeero todavía con la esperanza y por lo tanto buscando caminos: dietistas, nutricionistas, endocrinos, psicólogos, centros… hasta que llegué al final del camino y pude. En un mundo paralelo yo habría dicho “no puedo” y fin de la historia, asumo mi vida de esta manera de aquí en adelante hasta que llegue a la meta, el R.I.P.

Y ésta es una de las cosas de las que, os confieso, me siento verdaderamente orgullosa y es que agoto todas las posibilidades para PODER, incluso a veces forzando al límite o tirando de imaginación.

Así que mi propuesta en este post es deciros que… ¡¡¡SÍ PODÉIS!!!


Esperad…..

¿En serio os creéis que os voy a decir eso…? ¿No me conocéis ya un poquito? ¿No acabáis de leer el diálogo besuguil…? No me van las frases hechas de psicología a 2 € así que no os las voy a decir. A quien le funcionen adelante… San Google es un proveedor excelente e infinito para ello.

Mi propuesta en este post (ahora es la buena) es deciros que sustituyáis el “Yo no puedo” y sus conjugaciones gemelas por “No sé cómo hacerlo, así que busco la manera de saber hacerlo”. No impacta tanto como la otra eh… pero ¡sorpresa! es más real.

E igual de reales pero mucho más enriquecedoras mentalmente y positivas son las siguientes variantes:

No puedo hacerlo… aún
No puedo hacerlo es tajante. Punto y final. No puedo hacerlo aún está lleno de esperanza, es un punto y seguido. La historia continúa.

Nunca he podido… pero a lo mejor ahora puedo (o en el futuro)
Yo no voy a discutir si alguien no ha podido antes pero voy a discutir hasta la saciedad alguien que me diga que no podrá, porque eso es el futuro y aún no lo ha probado.

Yo no puedo… sola
Pues mira que bien porque en la misma frase has encontrado el problema y la solución.

Yo no he podido… hoy
Mañana será otro día… ¡cómo adoro a Scarlett O’Hara!

Yo no puedo… haciéndolo de esta manera
Pues blanco y en botella, si de esta manera no se puede, a buscar la manera en la que sí se pueda.

Yo no puedo… pero es que tampoco quiero.
¿Realmente queremos aquello por lo que luchamos?

Reconozco que éste último me ha pasado en ocasiones a mí.

Situación hace pocos meses: de senderismo por la montaña con amigos: algunos trepando al punto más alto donde había una ermita, otros se quedaban abajo a esperar. ¿Yo qué hice? Trepar hacia arriba con este pensamiento en mente “¿cómo que no puedo aunque pese más que ellos? Claro que puedo. Ya verás tú…” ¿Me apetecía? Luego reflexioné y reconocí que no. Hubiera preferido disfrutar del solecito abajo con otros, hasta que el resto bajara.


Sinceramente creo que tras el “Yo no puedo” se esconden varios problemas:

- Vivimos en valores de blancos y negros: yo no puedo Vs el otro puede, por lo tanto yo tengo que poder y si no puedo me hundo. Y la gama de los grises pasaría por: sé que quiero conseguir algo, busco la forma de conseguirlo y lo intento para superarme, no para compararme. (Y como plus, yo sólo veo lo que ha conseguido el otro, no la lucha que hay detrás).

- Desgaste emocional: tras cada fracaso merma nuestra autoestima y nos desgasta para el siguiente intento.

- Seguimos intentando conseguir las cosas por las mismas vías. Es como darse cabezazos contra un muro. Si haciendo X no consigues lo que quieres, prueba con Y o con Z. Pero no te empecines en X.


No creo y no quiero creer en el “No puedo” y aquí va mi mejor ejemplo recién superado no hace ni dos meses.

Situación: Ir al gimnasio

Mente: “Yo no puedo ir de forma regular”

Maticemos: “Yo no quiero ir, pero TENGO QUE IR porque es bueno para mi salud: gano más resistencia y flexibilidad que me viene bien para bailar, quiero mantenerme en forma. Y tener más fuerza y aguante para cuando vaya por la montaña.” O sea no quiero ir, pero quiero los beneficios de ir… ¡vamos como todas! Tonta no soy…

Antecedentes: desde los 15 años apuntándome y desapuntándome. Yendo de forma regular aguantaba 2-3 veces por semana un mes y no más. “Nunca he podido ir de forma regular” así que… ¿nunca podré? Ni de coña. Pero era un desgaste emocional que ya os podéis imaginar.

El día de ir: Nunca quería ir y cada vez que cargaba con la mochila al cole o al trabajo era un show: qué palo ir, no quiero ir, estaría mejor en casa, ¿por qué tengo que ir? es que de verdad que no puedo, estoy cansada, voy mañana… ¡pero si hasta somatizaba! Me llegaba a entrar dolor de barriga o migrañas que sólo se me iban cuando decidía en firme que ese día no iba. Mientras estuve en tratamiento por el trastorno por atracón parecía que estaba un poco más motivada pero vamos, nada del otro mundo. Ir seguía siendo un esfuerzo titánico para mí. Y mira que una vez allí no lo pasaba tan mal… 

Herramientas: para tener ganas de ir, durante todos estos años he probado de todo: escribirme en un papel los beneficios de ir, ponerme canciones cañeras que me motiven a ir, hacer meditaciones con mensajes subliminales para ir al gimnasio (¡os juro que esto existe!), enfadarme conmigo mismo, tratarme con condescendencia (“no pasa nada, si un día no vas, total ya llevas 6 meses sin ir”), escribir mis motivaciones para ir, retocarme fotos para motivarme a cómo me vería después de meses yendo, pedir a amigas que me enviaran whatsapp para animarme a ir, pedir a amigas que me enviaran whatsapp echándome bronca por no ir, quedar con conocidas en el gimnasio… ¡Nada funcionaba de forma permanente! No será por no haberlo intentado.

Hasta que…

Mi mayor confesión: “Yo no puedo hacerlo… sola”. Tan simple como esto.
No pude luchar contra los atracones yo sola aunque quería, así que me traté en un centro y pude. Quise hacer todo el tratamiento sin químicos y pedí que me retiraran medicación al cabo de unos 3 meses, así que ya está ya he cubierto la cuota de orgullo malentendido, ya puedo reconocer que hay otra cosa que no puedo hacer sola, que quiero hacerla y que he agotado todas las vías para hacerlo sola y no han funcionado. No me voy a seguir dando de cabezazos contra esa pared.

Solución: He contratado a un entrenador personal.

Veredicto: No pude y ahora puedo

“Yo no puedo” es el título de este post. La mayor mentira del mundo. Ahora lo sé… Y tú, ¿realmente no puedes?

06 mayo 2016

The famous…. ¡Zona de confort!

Hace muuuucho, muuuucho, muuucho tiempo (bueno, no tanto)… como algo más de 4 meses… justo en la noche de fin de año os conté todos los rituales que hacía para atraer la buena suerte: ropa interior roja, anillo de oro en la copa, ventanas abiertas, empezar el año con el pie derecho… y colocar una maleta en la puerta para favorecer los viajes durante el año. Pues bien, yo no sé qué ha pasado este año que se ha juntado que es el mío (os lo contaba aquí) con que algún conjuro de estos se ha salido de madre. ¡Para bien!

En concreto el de los viajes… no me preguntéis cómo pero el caso es que en tres meses y poco mi pasaporte lleva los sellos (¡no materiales!) de las Fallas, Tarragona, la Cerdaña francesa, Valencia, Londres y Marrakech. Contenta no, lo siguiente… aunque claro también aumentan el número de inseguridades y miedos ante cada nueva situación.

El último viaje del que he vuelto ha sido Londres, una especie de auto-regalo de cumpleaños porque no conocía esa ciudad y tenía una amiga allí que hacía años que no veía. La idea era ir a Londres sola y, luego, pasar todo el tiempo que pudiera (que no era mucho) con esta amiga cuando ella no estuviera trabajando. El resumen es que me lo he pasado muy bien, ha sido chulo… ¡y hay algo que siempre recordaré que pasó allí! Ya estará asociado a mí de por vida. ¿Qué si os lo cuento? ¡Por supuestísimo!

Veréis, el tiempo que estuve allí, durante el día hacía el guiri sola por la ciudad y algunas tardes quedé con esta amiga para ponernos al día de nuestras vidas, echarnos unas risas, beber cerveza y todo eso… Todo controladísimo: miedos, inseguridades, comida… Todo en orden, porque el nivel de disfrute era mayor que el desasosiego que sentía. Incluso cuando visité Camden Market (para quien no haya estado, el súmmum de la ropa cool europea en plan mercadillo bien colocadito) y vi que no había ropa que me cupiera me lo tomé con filosofía. A ver… claro que había ropa de mi talla: camisetas, vestiditos, pantalones… pero es que yo me encaprichaba de vestidos entallados muy pin up, corpiños, camisetas súper ajustadas… de los puestos más originales y atípicos. Y no es que sólo no hubiera mi talla, es que sólo las hacían en versión S y M. Ya os digo, ningún problema ni comeduras de cabeza.

Bueno, que si empiezo a hablar de ropa me lío y pierdo el hilo del asunto…

Pues la suerte (o no-suerte, según como se mire…) quiso que un día me encontrara en Facebook un mensaje de un conocido de hace tiempo del mundo de la salsa que me decía que estaba viviendo en Londres desde hacía un par de meses y que se había enterado que estaba de vacaciones y ¿que por qué no quedábamos? ¡Pues hombre claro! "Me viene de perlas para estar menos tiempo sola por aquí cuando mi amiga no sale", pensé. Me quise hacer la listilla (a ver si aprendo que esto nunca me sale bien) y muy segura de mí misma le dije que había pensado ir SOLA a un club de salsa a la ciudad para que ver qué tal el nivel de los ingleses (cursillo acelerado de prepotencia recién aprobado) y pegarme unos bailes y que por qué no se apuntaba… ¡vamos, como si yo le estuviera haciendo una favor, nos ha jodío! Este chico súper majo me dijo que sí, así que, adelante, quedamos una noche para ir a bailar salsa. Y yo feliz como unas castañuelas porque sola no habría ido ni de coña aunque me apetecería una barbaridad.

Llega la famosa noche… quedamos a las 20.30h… llego a la entrada del pub… mi amigo no ha llegado… le escribo… me contesta que ha tenido un contratiempo y que llega a las 21h… ¡Me-cagüen-todo-lo-que-se-menea-del-copón! Empieza a oler ya la caquita que me estoy haciendo… Respiro, relax… no pasa nada… y pienso (creo que fue el último momento en el que mi pensamiento fue coherente): "Vamos a ver, ¡no pasa nada! Es tontería quedarse en la puerta lloviendo, entro, voy directa a la barra ¡ahí con seguridad y sacando pecho!, me pido una cerveza y espero tan ricamente en la barra bebiendo hasta que mi amigo llegue a las 9h. Hasta voy a ser como la protagonista seductora y súper segura de sí misma de una película". Sí, sí… ¡los cojones!

Plan en marcha, entro en el bar y… ¡¡¡mierda!!! Os juro que la gente de dentro olía mi miedo… Voy a la barra y no había taburetes para sentarse porque… nadie bebía en la barra, sino que cogía la bebida y se sentaba en una mesa. ¡Fantástico! ¡Relax! Pido mi cerveza… me ponen medio litro, bueno, venga, vale, así tardo más en beberla y me entretengo… y con la cabeza alta, las tetas fuera (¡¡¡erguida!!! no me las saqué no…) y la cerveza en la mano, casi temblando, voy caminando por el bar a no sé qué, mientras no para de sonar reggaetón… Oteando, buscando un sitio libre donde sentarme y me convirtiera en invisible por arte de magia o buscando a saber qué… Os juro que no eran imaginaciones mías: todo el mundo estaba sentado en mesas en pareja o con grupos de amigos y algunos (mentira, ¡muchos!) levantaban la vista, me miraban (las tías, me miraban de arriba abajo descaradamente las muuuuy putas, lo siento lo tenía que decir) y lo llevaban escrito en las caras y los gestos aún sin decir nada: “¿qué coño hace esta tía sola aquí?”. Y aquí la menda con cara de póker (que se piensa que lleva una sonrisa tranquila pero que más parece una mueca de estreñida) mirando alrededor, nerviosa: "¿Pero qué cojones hago? ¿Hacia dónde me dirijo? ¿Qué busco? Joder, estoy empezando a sudar de los nervios."

De repente… ¡salvada! Veo una puerta al fondo que da a una terraza y para allí que voy directa. Y al traspasar la puerta… un paisaje todavía más desolador. Ocho mesas en la terraza: seis con grupos de amigos, una con una parejita y… ¡una sin nadie! Para allí que voy directa con mi cerveza taconeando sobre el suelo adoquinado y sí, para las más avispadas, di un medio traspié, pero seguí caminando toda digna. Tenía que pasar, es de manual: tacones + adoquines = ¡Fuck!

Me siento, bebo un trago de cerveza, respiro… a ver si el oxígeno me llega bien al cerebro ante tantos nervios, inseguridades, ansiedades y empiezo a mirar alrededor. ¡Me estaban mirando en plan descarado! ¡Hijos de su puñetera madre! Al menos hay que reconocer que cuando les pillaba y era yo la que no desviaba la mirada con cara de mala ostia, ellos sí que la apartaban, pero de vez en cuando veía que volvían a mirar. ¡Joder! Eso toca la fibra a cualquiera… y si ya encima vas nerviosa e insegura pues… ¿Qué es? La cabeza a mil: ¿me miran porque estoy sola, porque no estoy tan delgada como ellas, por fea…? ¿Se me está yendo la cabeza ya de mil suposiciones y ninguna positiva?

Media hora después yo seguía sentadita sola en esa mesa enorme para seis personas, bajo el chiribiri ese de lluvia, con mi cerveza, fingiendo que pasar el rato sola rodeada de decenas de personas en compañía es mi hobby de los domingos noche, con ganas de ir a hacer pis y acordándome de la familia entera de mi amigo y de toda la puñetera saga de reyes de Buckingham Palace cada vez que veía que pillaba a algunos mirándome, y sí, en dos ocasiones de un grupo de chicas la ecuación fue miradas + cotilleos al oído. Que oye que podrían haber estado hablando de las crisis en Crimea, pero a mí me estaban metiendo el dedo en la llaga de las inseguridades.

Las 21.10h (encima se retrasa), 21.15h (le mato), 21.20h (quiero llorar), 21.25h SMS: "¿pero dónde estás?"  Respuesta…

                             

Tocada y hundida. Tierra trágame y ya cavaré yo un túnel de vuelta a Barcelona…

- Flash forward: En defensa de este chico diré que la excusa era buena: drama familiar. Me lo explicó todo al día siguiente cuando fuimos a cenar (pagó él la cena para compensarme, ¡hombre, por supuesto que se lo permití!) Pero volvamos a la escena del drama donde lo dejamos…-

1er pensamiento: que no me gusta que me llamen Meri, ¡joder!
2º: ¿pero para qué pagas 3 SMS en algo que me puedes decir en uno?
3º: Oh, oh… ¿y ahora qué coño hago?
4º Tú sigue bebiendo cerveza que aún queda y escribe a una amiga para matar el tiempo. Una vez se te acabe la cerveza, te levantas toda digna y te largas… ¡no corras, que llamarás más la atención! Sal tranquila, pero cooooooorre al metro y no mires atrás, correeeeeeee al hotel y directa a esconderte bajo las sábanas. Y reza, ¡reza! para no encontrarte un súper 24h abierto… porque ahí tendremos un problema y gordo de toma de decisiones.

En esas que se sienta un chico en el banco opuesto de mi misma mesa a hablar con alguien por el móvil.

Mientras tanto yo… pidiendo auxilio-camuflado a una amiga en la patria que me vio nacer:

                             

Y luego en cuestión de minutos todo fue muy rápido, llevaba ya más de una hora con la ansiedad por las nubes, se me acabó la cerveza… y en el momento de levantar el culo del banco para irme, tal como tenía planeado, mi mente se plantó y dijo NO. De repente llegué al límite de la ansiedad, ahora sí que me temblaban las manos y por mi mente pasaron miles de pensamientos inconexos que no me daba tiempo a analizar, sin orden, todos revueltos, rápidos, velocísimos: mi zona de confort, todos me miran, por qué me tiene que pasar esto, todos son mejores que yo, ellos no son mejores que yo, quiero bailar, no estoy haciendo nada malo por estar sola, no tengo por qué avergonzarme, tengo derecho a estar aquí, tengo derecho a estar sola sin que me juzguen, sí me han dejado plantada, por dios que no puede ser tan difícil hablar con alguien, morirse es grave esto no, ¡joder, deja de pensar y arriésgate, idiota!, total aquí nadie te conoce, ¿qué más te da lo que piensen de ti si en dos días te vas de este país?, millones de personas cada día hablan con desconocidos y no se les cae a cachos la lengua, a lo sumo la vergüenza y el miedo....

Miro alrededor, el chico de mi mesa sentado medio de lado ya no está hablando por el móvil pero sí con el whatsapp y me lanzo de cabeza a la piscina, sin pensar más…

     Yo: hola... (con voz estrangulada)
     Él: …….. (ni se gira porque no me oye)

(Vaaaaaa, ánimo, ya está lo peor, ¡inténtalo otra vez!)

     Yo: HOLA (ahí me he pasado)
     Él: Hola

(¡Ya está! Vengaaaa, ¡sigue!)

     Yo: Emmmm... ¿hablas castellano? (muy bien Meritxell, te quedaste en la época del "¿Estudias o trabajas?", ¿no? ¡Dios! qué poco ocurrente)
     Él: (sigue con el móvil en la mano)

(¡Joder! Por Dios, relájate!!!!!!!!)

     Yo: Perdona, una preguntita… ¿vienes a menudo por aquí? (nah ni te molestes en contestar, que ya sigo hablando yo) es que llevo un rato largo aquí sentada y no paran de poner reggaetón (le hago una mueca de asquete y consigo sacarle una sonrisa) y me habían dicho que aquí ponían buena salsa, entonces no sé si quedarme o no, porque yo venía a bailar (no a ligar, te lo dejo claro).

Y, en ese momento, ¡lo vi! Fue sólo un segundo pero fue una revelación como a cámara lenta: dejó el móvil encima de la mesa, se giró hacia mí, me miró a la cara y me contestó… me estaba diciendo con su cuerpo “Sí, te voy a dar conversación”.

     Él: Ya, es que el reggaetón es para que los ingleses se froten un poco jajajja pero la salsa buena la ponen a las 10h y es cuando llegamos todos los que bailamos….
     Yo: Pues qué alivio, porque estaba a punto de irme… pero siendo así me espero un ratito más, ¿no?.
     Él: Sí, sí, quédate que ahora ya llega un DJ que pincha muy bien: salsa cubana, son, guaguancó… ¿y tú también bailas? ¿De dónde eres?

¡SÍ!!!! ¡¡¡CONSEGUIDO!!!! En algún momento de la conversación todo empezó a fluir, respiré hondo y me relajé…. ¡y acabó siendo una noche grandiosa!

Efectivamente, a las 22h llegó el DJ, el ambiente cambió, empezó a sonar salsa, yo misma saqué a bailar a este chico, luego llegó su amiga-rollete, me la presentó, charlamos un rato… ¡y no paré de bailar en toda la noche! Me sacaban chicos, yo sacaba a otros, di conversación a un par que vi predispuestos: salsa, bachata, merengue… lo bailé todo. Me puse a debatir con un inglés de 70 años las diferencias entre salsa cubana y salsa en línea en Londres y en Barcelona, me escaqueé de un cubano de metro y medio que ponía las manos donde no debía, me bebí otra cerveza, me reí sin parar con el chico de la mesa y su amiga, la señorita “somos-ex-pero-no-nos-volveremos-a-liar”. Ya, claro…. Disfruté taaaaanto.

Finalmente, sí que me tuve que ir corriendo del bar pero porque, si no corría, perdía el último metro a mi hotel. Llegué a coger el metro por los pelos pero llegué y aún tenía que hacer un transbordo… al que también llegué corriendo por los pasillos y justita de tiempo pero aún me sobraron unos segundos para hacer una foto a este anuncio del andén antes de que llegara mi último metro. Y todo con una sonrisa de felicidad en mi cara.
Verdad, verdadera...

Seguro que muchos habéis oído hablar de la zona de confort y, si no lo habéis hecho, existen miles de artículos en internet escritos por psicólogos que os lo explicarán en detalle muy bien. Básicamente es esto:

                  

Y lo que he querido compartir con vosotros en este post no ha sido ni mi zona de confort, ni mi espacio fuera de la zona de confort sino el salto intermedio: ese espacio en el aire, ese momento de pánico, de vibración, de estómago contraído, nervios, sudor, ansiedad… ese momento en el que te la has jugado y aún no sabes si volarás o te estamparás contra el suelo… en definitiva, ese momento de vida.



En el avión, ya de vuelta a Barcelona, pensé en ello y me di cuenta de que, en esta ocasión… había salido fuera de mi zona de confort y había volado.

¿Aprendí que cuando me arriesgo tengo éxito? ¡NO! Aprendí que si me arriesgo puedo tener éxito o no; si no me arriesgo, seguro que no lo tengo. Esto último sí es una certeza.




Bonus: yo no creo mucho en karmas, ni destinos ni coincidencias ni todo eso… pero si vais a Londres, aquí os cito “mi lugar”: Stables market en Camden.

- Ahí están las tiendas-mercadillo para mí más espectaculares y originales de todo Camden Market. No hay de mi talla pero da igual siguen siendo excepcionales…
- Ahí está The Cuban, el bar protagonista de este post.
- Ahí hacen la mejor comida que probé en esos días y sana (si uno quiere), donde comí un delicioso plato típico filipino compuesto de arroz basmati especiado con pollo, soja y verduras.
- Y realmente el sitio en sí es muy original, son unos establos para caballos, reconvertidos, desde hace casi dos siglos.

31 marzo 2016

Aceptación Vs Resignación. La lección de hoy de Barrio Sésamo


Queridos niños y niñas, 

En la coco lección de hoy hablaremos de la diferencia entre ACEPTAR y RESIGNARSE. La autora de este blog se hace mayor, este mes de abril cumple 36 añazos y se está poniendo melancólica… le ha dado por recordar los dibujos animados de su infancia… Y, por eso vengo yo, que soy Súper Coco a enseñaros las diferencias entre aceptar o aceptarse y resignarse para que no os confundáis (que ella se ha liado un poco en los últimos años).

Pse, pse… por cierto, respecto a mi colega Triky, el monstruo de las galletas… no le vendrían mal un par de pautas alimenticias. Sólo lo digo…

Coco, 
creador del “Arriba-abajo”

Frente a una misma situación / persona / época desfavorable, o que no es del todo de nuestro agrado, hay dos formas de encarar las cosas: resignarse es sentirse víctima de las circunstancias, creer que no se tiene margen de maniobra para actuar al respecto y simplemente “sufrirlas” porque son inevitables; aceptar una situación es comprender que las cosas son de determinada manera y, en función de eso, decidimos que queremos actuar, pensamos qué hacer y qué actitud tomar al respecto.

Dejémonos de teorías y elucubraciones y vayamos a ejemplos y situaciones concretas.

ES RESIGNACIÓN CUANDO… después de darte un atracón piensas: “es que soy así y tendré este problema toda mi vida”.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… piensas “vale, me he dado un atracón, la he cagado, pero a partir de ahora mismo pongo todos los medios para que no vuelva a suceder”.


ES RESIGNACIÓN CUANDO… piensas “estoy gorda, soy fea y nunca tendré una talla 36, ¿para qué arreglarme? si nunca seré como las otras”
ES ACEPTACIÓN CUANDO... piensas “de acuerdo, no tengo una talla 36, pero con mi talla 44/46/48/50/52/54/56/58…. voy a sacarme el mejor partido para verme todo lo guapa que puedo estar.”


ES RESIGNACIÓN CUANDO… no vas a la playa para que no te vean en bikini o bañador ¡pero la playa te encanta! Te resignas a no ir mientras tu cuerpo no sea como tú quieres.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… aceptas que no tienes el cuerpo / peso que deseas pero no te niegas a hacer nada que te apetezca, como ir a la playa.


ES RESIGNACIÓN CUANDO… piensas “yo soy así y no puedo cambiar”.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… piensas “acepto que hasta ahora he actuado así, pero me pregunto a mí misma, ¿quiero seguir actuando así?”


ES RESIGNACIÓN CUANDO… la frase es “no puedo y nunca he podido”.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… la frase es “hasta ahora no he podido”.


ES RESIGNACIÓN CUANDO… te sientes víctima del mundo.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… tomas el mando y decides ser responsable de tu vida con acciones y pensamientos.


ES RESIGNACIÓN CUANDO… quieres eliminar la ansiedad de tu vida y luchas contra ella.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… admites la presencia de la ansiedad a tu lado, la reconoces, permites que esté ahí y sigues con tu vida.

Triky canta "Adiós galletita"
Foto: Photobucket

ES RESIGNACIÓN CUANDO… piensas que llevas muchos años dándote atracones y nada de lo que has probado ha funcionado, así que mejor quedarte tal cual.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… aceptas que llevas años dándote atracones pero decides que no quieres dártelos toda la vida, así que te pones las pilas y te comprometes a buscar soluciones y opciones que no hayas probado hasta ahora.



ES RESIGNACIÓN CUANDO… no sales de fiesta con tus amigas porque nunca ligas.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… aceptas que no ligas tanto como tus amigas pero que el pasártelo bien o no, no depende de tus amigas ni de los ligues… sino de ti.


ES RESIGNACIÓN CUANDO… en el insti no quieres saltar al potro porque otras veces que lo has probado no has podido.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… te ríes de ti misma por no saltar al potro y aún así decides intentarlo una vez más y luego hacer una voltereta.


ES RESIGNACIÓN CUANDO… tu pareja tiene un humor de perros y se pone insoportable cuando se enfada o cuando algo no le sale bien.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… aceptas que tu pareja tiene un humor de mierda así que debes decidir qué haces con eso: ¿lo aceptas y lo vives con normalidad? ¿lo aceptas y DECIDES que no te afecte? ¿lo aceptas pero reconoces que no va acorde con tus valores y rompes la relación?


ES RESIGNACIÓN CUANDO… te conformas con tener a una persona tóxica en tu vida sólo por no sentirte sola.
ES ACEPTACIÓN CUANDO… aceptas que esa persona es de determinada manera y que tú eres la responsable de tomar una decisión sobre si mantenerla o no en tu vida sin conformarte ni intentar cambiarla.

Y cada una de nosotros tenemos millones de ejemplos como estos. Todos reales, sacados de nuestra propia experiencia...


La resignación es negativa, la aceptación positiva.
La resignación suele ser pasiva, la aceptación es activa.
La resignación te hace sentir mal, la aceptación no.
La resignación te frena, la aceptación te ayuda a crecer.
La resignación te esclaviza, la aceptación te libera.

La resignación es un lamento… “Esto es lo que hay”.
La aceptación es una pregunta… “Acepto lo que hay. Y ahora, ¿qué decido hacer…?

Acéptate, pero no te resignes…


¡Ehhhhh! Yo también tengo que estar aquí que
gracias a mí, la autora del blog se hizo periodista.

Gustavo, el reportero más dicharachero de todo Barrio Sésamo.

Foto: gratistodo.com

26 febrero 2016

La vida es una margarita…


Cuando una de mis psicólogas hace años empezó a decirme “Mira, Meritxell, la vida es una margarita…” yo pensé: “Allá vamos, la frikada de las 7 y cuarto de la tarde…” Pero mira, el planteamiento de esta psicóloga además de ser certero, fue repetido en varias ocasiones por otras psicólogas después, sin emplear la metáfora de la margarita, e incluso hace poco recordé que la misma idea no era nueva para mí. Allá en el año 2002 (hace más de una década en mis años de jovenzuela, moza y lozana haciendo las prácticas de mi carrera de periodismo) entrevisté a un escritor que publicó sino el primero, sí de los primeros libros sobre coaching en España y hacía referencia a nuestra vida comparándola a una rueda de un carromato. A saber, debía ser equilibrada, completa y estar siempre en movimiento. Hacia adelante, siempre. Como debía ser redonda nunca podía detenerse.

En cualquier caso, yo tengo los conceptos claros pero como la idea de la margarita es la más bonita y bucólica es de la que os quiero hablar. Me inspira más una margarita que una rueda, ¿qué queréis que os diga?

Primer paso: Margarita. O Daisy si queréis…

Fuente: Freepik
¿Lo tenemos claro? Bien. No se trata de deshojarla en plan “Me quiere, no me quiere” sino todo lo contrario, se trata básicamente de dos pasos.

     - Identificar la margarita como si fuera nuestra vida y, a partir de ella, cada pétalo es un aspecto de esa vida. Rellenémosla. Os daréis cuenta de que no tiene sólo 4 pétalos: salud, amor, dinero y salud. Sino bastaaaaantes más, así que concretemos porque nuestra vida es más compleja y no se puede catalogar sólo en cuatro apartados. ¿Ideas? Marido, hijos, religión, profesión…

     - Y ahora la parte difícil… Debemos crear / mantener / cuidar cada uno de los pétalos que conforman nuestra vida.

Hasta aquí la idea básica y fácilmente entendible que me planteaban. Ahora bien, por mis experiencias en la vida, mis ajustes, lo que veo y lo que quiero, he tuneado la idea de la margarita y he añadido varias modificaciones. Atención, no os perdáis:

     - Cada margarita es única e intransferible, de la misma manera que lo es nuestra vida, nuestros sueños, anhelos y fracasos. Así que no existe una margarita de pétalos ideal. La más adecuada es la que te creas tú siendo sincera contigo misma.

     - Hay pétalos dobles. Si algo tiene mucha importancia para mí, ¿por qué me voy a conformar solo con un pétalo? ¡No, hombre! Mejor doble. Pero, ¡cuidado! Porque un pétalo doble significa mayor importancia en tu vida, mayores alegrías pero los fracasos y el dolor también son dobles…

     - Para mí también hay grados. No todo se mueve en la dicotomía de: pétalo sí Vs pétalo no. O más acertado sería decir: presencia de pétalo Vs ausencia de pétalo. Hay grados porque de cada pétalo hay niveles, como si fuera un vaso: puede estar un poquito vacío, puede estar a mitad, puede estar más lleno o lleno del todo.

Entonces, ¿cuál es el objetivo? Que todos los pétalos sean importantes en tu vida, que haya muchos (cuantos más mejor), que nunca dejes de luchar por ellos o de cuidarlos y que haya movimiento: que vayas sustituyendo unos por otros, que algunos desaparezcan, que haya otros nuevos, que algunos se hagan más fuertes…

¿Por qué? Porque la vida está llena de alegrías y de tristezas, eso es impepinable. Si tenemos pocos pétalos y nos falla uno, la pérdida es brutal porque quedan menos a los que agarrarse o que nos consuelen el alma. Pero si tenemos muchos pétalos y nos falla uno o incluso dos, siempre quedan muchos más para no hundirnos y no caer en un pozo de desesperación.

Teniendo en cuenta que en este blog estoy desnudando mis alegrías y mis tristezas, obviamente os iba a enseñar mi margarita, faltaría más…

Sí, mi margarita es rosa ;)

Mi vida ha estado marcada por la soledad, por eso para mí es de vital importancia el contacto con la gente: la vida social, amigos, conocidos, pareja… seguramente para un ermitaño o un monje budista esto no sea importante. También tengo un pétalo exclusivo dedicado a mi alimentación porque es importante no descuidarla en mi vida (alguien sin un TCA podría prescindir de este pétalo). El baile es básico en mi vida, es una fuente de felicidad brutal, por eso es doble… Bueno, y el resto ya lo veis: más o menos importante en mi vida, dedico más o menos tiempo… pero su presencia es imprescindible para mí. Y la de cosas que están por venir… no cierro puertas a todo lo que vaya llegando.

Ésta es mi vida ahora, en el año 2016. Ayer justamente estuve revisando mis diarios y encontré una margarita que había hecho en retrospectiva de mi vida de los años 2005 – 2010. Desoladora… La margarita estaba llena de pétalos pero sólo cinco tenían una etiqueta: padres / trabajo / comida / un máster que estaba cursando entonces / dinero.

Y analizando bien… padres (relación no muy buena) / trabajo (bien, se salvaba) / comida (¡coño! pero si padecía un TCA) / máster (sólo duró un año y luego…) / dinero (sí, para comida). Tranquilos, no lo digáis vosotros, ya lo digo yo que para algo era mi vida. Tenía una vida triste, solitaria, en cierta manera miserable sin sueños ni esperanzas.

¿Y qué pasó? Pues ya lo sabéis… un tratamiento en un centro por el trastorno por atracón y muchas horas de picar piedra, mentalmente hablando, y cambiando todo en lo que el TCA había convertido mi vida.

Sabéis los que me leéis desde el principio que mis posts no son casuales ni programados, sino que surgen… ¿Y por qué ha surgido justamente éste esta semana? Si total, el tema de las margaritas lo podía haber hablado infinidad de veces. Pues, chicos, qué decir… ¿el destino que marcó que éste post sólo pudiera ser este mes de este año? 

Freepik
Si os acordáis de mi último post del año pasado os dije que tenía la sensación de que este 2016 iba a ser la bomba para mí. Tenía esa expectativa y (¿me atreveré a llamarlo?) intuición de que este año era el mío. ¡No voy desencaminada! Sólo iba un poco desajustada en cuanto a fechas. Éste, es el año del mono, el de mi año y ¿cuándo empezó el año chino del mono? ¡¡¡En febrero!!! Mi Enero ha sido regulero (os juro que la rima esta cutre ha salido de chiripa) pero es que este mes de febrero del que sólo quedan tres días… ha sido un huracán. Una montaña rusa brutal. Y no os mentiré, he disfrutado un poquito de la locura, de la vorágine, del vértigo, de estamparme contra muros… No he disfrutado del dolor, no es eso, he disfrutado de estar viva, de sentir, de reír, de llorar, de gritar y de levantarme cada vez que me he caído de bruces. He disfrutado de haber pasado este mes y todavía tenerme sobre los dos pies. Ya, que exagero, ¿no…? Echadle un ojjito a mi mes de febrero que aún no ha terminado…

     - Terminé una relación de más de 3 meses con un chico por el que realmente sentía bastante. Y lo dejé porque no me daba lo que era importante para mí en cuanto a valores, así que no me quise conformar. ¿Recordáis aquel post en el que os contaba que dejé a mi ex y tenía pánico a habérmela jugado y arriesgado demasiado? Estaba aterrada por aspirar a demasiado. Mmmmm… un año después… y aquí alguien ha ganado algo de autoestima… ;)

     - He perdido a dos amigas de golpe en un plazo de 48h. Dos por un lado, más una que aparté a finales de enero porque tenía dudas, más otra de la que me apartaré en breve en cuanto pase un evento que tenemos juntas la semana que viene, porque es tóxica para mí. ¡Para mí! Esta chica, bueno, mujer porque ya pasa de los 50, como ejemplo, tiene otras amigas y se lleva bien con ellas o sea que ella no tiene ningún fallo; la amistad, para mí, se trata de compatibilidades, de feeling, de los mismos valores… Entonces, la pregunta es, ¿por qué mantener en tu vida a gente que no te aporta según tus creencias?

     - Me presenté a un cásting para entrar en una pequeña compañía temporal de salsa para montar una coreografía durante unos meses. Y me rechazaron. Por eso no me presento a menudo… habría que ser tonta para tener problemas para gestionar mal los rechazos y seguir presentándome a cástings. Pero mira, me presento… y no.

Ya hasta aquí, imaginaos mi margarita… algunos de los pétalos más importantes están muy tocados en poquísimo tiempo: amor, amistad, baile… Si yo no tuviera nada más a lo que agarrarme, mi vida habría sufrido un golpe que me habría tumbado a la primera. Porque no habría nada más de valor en mi vida. Igual que no había casi nada de valor en mi vida del 2010, por ejemplo. ¿Qué hice? Ilusionarme y enfocar mi mirada en los otros pétalos que había estado fortaleciendo durante meses y que también me llenaban la vida, aunque a lo mejor no con la misma intensidad y seguir en la lucha por ellos: otros amigos, baile, mi máster, conocidos, hobbies, excursiones, familia…

Ahora imaginaos lo que le pasa a una persona que en su margarita dedica 5, 6, 7, 8, 9… pétalos a algo concreto: amor, trabajo, hijos… Pues que cuando esos pétalos se caen… la vida se les hunde.

Pero, esperad…. que febrero no se quedó ahí, ¡no, no!

     - Me fui de excursión un fin de semana a la nieve con un grupo de 30 personas, ¡todos desconocidos! Terapia de choque total. ¿Miedo al rechazo? ¿Dificultad para hablar con desconocidos? ¿Miedo a que me juzguen donde no conozco a nadie? ¿Incomodidad? ¿Inseguridad? Sí, de todo y a granel. Y sí, enfrentado.

     - Terapia de choque, parte II. Me apunté a un speed dating. Igual os suena: “citas”-charlas con completos desconocidos uno por uno, en una mesa y cada 5 minutos suena una campana y van cambiando los chicos de chica en chica. Esto sí que fue terror del bueno y no el de Freddy Krueger… Y sí, enfrentado.

     - Terapia de choque, parte III. Tomando la iniciativa todo lo que puedo y más: propongo viajes, salidas, excursiones con amigos pero también con conocidos que quiero conocer más y no me espero a que tomen ellos la iniciativa. Y sí, enfrentado.

Marzo intuyo que será tranquilito… después de la tormenta siempre llega la calma, ¿no?

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