Texto atracones

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30 mayo 2014

Despidiendo... para poder dar la bienvenida

Hay un proverbio árabe que dice: "Para poder descargar un cargamento de halvá * lo más importante es tener los recipientes dónde guardar el halvá".

En algunos cuentos o historias con moraleja, el halvá hace referencia a la verdad metafóricamente hablando como forma de decir que no aspires a la verdad o a la sabiduría si tu mente no está preparada para asumir esas revelaciones; si no tienes un lugar dispuesto para acoger esas verdades.
Ahora bien, para mí el halvá también simboliza otras cosas: las ilusiones, los sueños, las personas especiales, las vivencias… Las cosas nuevas (sean mejores o peores) sólo vendrán si tenemos espacio en nuestra vida para recibirlas.

¿Cómo vas a llenar tu vida de nuevas ilusiones si todavía tienes presentes en tu mente fracasos anteriores?
¿Cómo te vas a permitir a ti mismo ilusionarte si tienes miedo por las ilusiones pasadas no cumplidas?
¿Cómo vas a permitirte soñar en el presente si aún no has renunciado a sueños pasados que ya no son posibles?
¿Cómo vas a conocer personas maravillosas complementarias a ti si sigues rodeándote de otras personas con las que no hay afinidad solo por no estar sola/a?
¿Cómo vas a experimentar nuevas emociones, situaciones y sentimientos si te aferras a lo conocido por miedo o comodidad y no te arriesgas?

Se trata de aligerar un poco la mochila emocional que todos llevamos y que, sin darnos cuenta, nos va encorvando con el paso de los años.

Hará unos cuatro años leí un libro titulado “Al llegar la primavera” de Milly Johnson. Era una novela ligerita, romántica, que partía de la idea de una mujer casada, desdichada en su matrimonio sin ser todavía consciente de ello y que un día, por casualidad, lee un artículo en una revista sobre cómo puede ser de beneficioso para la salud emocional hacer limpieza de todos los trastos que tenemos en casa. Así que empieza a hacer limpieza en su casa: trastos que ya no usa, cosas que ya no recordaba que tenía, aparatos estropeados, cosas rotas, ropa que no se pone… Y sí, efectivamente, su limpieza del hogar también salpica a su vida. No os cuento más por si a alguien le ha picado la curiosidad, no sea que se me escape algún spoiler…

Así que acabé de leer la última página del libro, lo cerré y tuve bien claro de qué estaba llena mi mochila emocional: de quilos y quilos de ropa. Puede parecer superficial (¡ojalá lo fuera!) pero teniendo en cuenta que guardaba ropa desde que tenía 12 años y en ese momento tenía 30… ¡pues echad cálculos! Creo que estuve un sábado entero revolviendo el baúl de los recuerdos o más bien la caja de Pandora porque ahí salió de todo y en todas las tallas y colores inimaginables: ropa de la talla 40 de cuando apenas tenía 13 años y empezaba a ir a la discoteca; minifaldas que sólo me había puesto una vez; camisas y chaquetas con hombreras (¡por Dios, qué daño hizo la moda de los años 90!); camisas, pantalones, camisetas, tops, faldas y vestidos, todo con la etiqueta puesta esperando que un día los pudiera estrenar; toda la línea entre la talla 40 y la 62 que vestía en ese momento; ropa de mi talla que me cabía pero no me gustaba pero como no había otra cosa…; vestidos y trajes que llevé a bodas; lencería de todos los colores y estilos; zapatos… los conté, más de 50 pares esperando a que yo adelgazara. Porque dos cosas os diré con toda crudeza (esperad que me pongo las gafas de marisabidilla): sí, los pies también engordan y la segunda es que yo, al menos, con mi descomunal peso de entonces no podía andar con tacones de más de 8cm por mucho que me gustaran, de una forma digamos digna…

¿Y por qué tardé un día entero cuando era tan sencillo como sacar del armario y tirar? Pues porque tenía que hacer una “despedida digna” (el sado no lo inventó la de las sombras esas, lo inventé yo…) y cada vez que sacaba una prenda empezaba a recordar: cuando me la puse, o cuando me la compré o cuando la miraba esperando a adelgazar o… ¡peor aún! Me intentaba probar esa prenda antes de tirarla. Se me escaparon muchas lágrimas, de tristeza, de rabia por no estar delgada, por millones de cosas. Y justamente esa era mi mochila emocional: en ese momento no sabía si adelgazaría o no o si superaría mi trastorno alimenticio pero lo que estaba claro es que toda esa ropa presente cada vez que abría cajones o armarios lo único que hacía era recordarme mis fracasos anteriores y ponerme en las narices la angustia por no poder ponérmela en ese momento. Y, encima, yo llevaba años con ella a cuestas cada vez que me cambiaba de casa (por si acaso adelgazaba, ¡lo más lógico! Imagínate que un día te levantas con seis tallas menos y no tienes nada que ponerte… ¡qué dramón!). Así que me despedí de toda mi mochila.

Fue muy duro pero es que yo lo había hecho duro, esa es la verdad, acumulando ropa durante años por las razones equivocadas, no habiéndola tirado antes, tirarla de esa forma tan “sentida”…. Y es que en el fondo yo pensaba que esa ropa era mi aliciente porque sin el motivo de querer vestirla, ¿qué otro motivo iba a tener para adelgazar? Entonces al tirarla, ¿renunciaba a estar delgada? Únicamente me quedé con cuatro o cinco prendas que tenían un valor sentimental alto independientemente de la talla, color o de si algún día me las pondría.

Ya me iréis conociendo y veréis que, además de irónica (los más atrevidos me definen como ácida, ¡qué osados!) en algunas cosas sí que soy un pelín exagerada pero justo en ésta creo que me he quedado corta, así que juzgad por vosotros mismos. Porque sí, como parte de la despedida también hice fotos… 





Por alguna razón, subir estas fotos me ha hecho sentir como un poco desnuda… Al fin y al cabo os muestro mi mochila emocional. Y las mochilas emocionales siempre suelen ser dolorosas.

Bueno, los años han demostrado que hice lo correcto. Es muy difícil, diría que casi imposible, curarse de un trastorno alimentario con toda esa ropa en tus armarios… y en tu mente.

El año pasado justamente tuve un “revival” de esta situación. Había perdido peso así que, ¿qué tocaba? Premio para el que haya acertado. Tocaba tirar la ropa que ya no me valía. Por grande, porque era de 4, 5 ó 6 tallas más que la mía. ¿Y queréis creer que ahí sí que pasé miedo? La primera vez sentí rabia, tristeza, dolor en cierta forma… pero esta segunda, supuestamente debía alegrarme y celebrarlo, y estaba muerta de miedo: “¿y si vuelvo a engordar y no tengo ropa que ponerme?”. Hay que ver, de qué forma nos paralizan y condicionan los miedos.

Presente: 30 de mayo 2014. 09.00h
Con mi peso actual me podría haber puesto muchísima de la ropa que tiré hace años, pero ya no la quiero. Y vosotros tampoco la querríais. Ahora cuando me compro ropa nueva está “limpia” de emociones, porque al fin y al cabo es sólo un trozo de tela. Era yo quién le ponía vida y sentimientos, tanto a la camisa de la talla 40 como al pantalón de la 58.

* Un tipo de pasta para cocinar dulces y postres

4 comentarios:

  1. Me ha encantado tu entrada.
    Yo estos últimos años he ido haciendo bastante limpieza de armario. Siempre había cosas que se quedaban y no era capaz de tirar o donar pero al año siguiente ya sí me sentía con un poco más de energías para ello.
    Ahora ya un 90-95% de mi armario si es de ropa que me está bien y uso. ¡Una liberación!

    Últimamente vengo pensando mucho en eso de hacer espacio en tu vida para que lleguen cosas nuevas... o al menos para hacerla más simple sin cargar con el bagaje. ¡Me dieron ganas de leer el libro!

    Un saludo

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  2. Hola! Isabel, ¿verdad? Gracias por tu comentario! Es que como tú lo has hecho es mucho más lógico y "menos traumático" jajaj

    Además, diría que la misma idea también se utiliza en el feng shui o en alguna disciplina filosófica oriental (me suenan campanas de algo así): lo nuevo no entra en tu vida si lo viejo está taponando.

    Te digo algo, el libro ya tiene algunos añitos y sé que ya hay algunas páginas donde se puede descargar gratis por Internet ;)

    Un abrazo,

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  3. Muchas gracias por tu blog. Me siento muy identificada, pues yo también estoy en recuperación y explicas muy bien mis sentimientos.

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    1. Muchas gracias a ti por leerlo! Y te mando muchísimo ánimo en tu proceso :)

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