Texto atracones

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04 julio 2014

Mi cuerpo te hablará de mí

Freepik
Soledad e incomprensión. Eso es lo que siente cada día una persona con obesidad mórbida.

¿España es un país de obesos? Pues según las estadísticas que sacan los medios de comunicación muy a menudo, sí: que si aumenta la obesidad infantil, que si se incrementan los kilos de sobrepeso por persona, que si hemos abandonado la dieta mediterránea, que si aumentan las enfermedades vinculadas a la obesidad... Da igual lo que digan los datos, España no es un país con una tasa alta de obesidad mórbida. Son pocos e invisibles. Yo formaba parte de ese grupo (por suerte, mi nivel era el inicial) y aunque conocía a mucha gente que entendía mi situación, nunca llegué a conocer a alguien que la compartiera. Nunca conocí a ninguna chica entre los 20 y los 30 años que pesara más de 120 kilos.

Durante los años de tratamiento encontré muchas voces de consuelo: “sé cómo te sientes”, “esto pasará”, “yo a veces me he sentido así”, “confía en nosotros”, “es por tu bien”... pero jamás escuché nada parecido a “yo he estado donde tú estás” o “yo sé lo que es estar dentro de tu cuerpo”. Nunca. La obesidad mórbida significa un salto cualitativo importante respecto a la obesidad porque te limita. Es tu cuerpo el que no te deja vivir, no sólo tu cabeza. No son los miedos los que te paralizan a salir la calle, es un ascensor que se ha estropeado y que tú no puedas bajar cuatro pisos por las escaleras sin correr el riesgo de que te dé una taquicardia que te lleve al hospital.

Por suerte para mí, mi tratamiento del Trastorno por atracón me enseñó a vivir de otra manera, pero seguramente fuera porque soy más terca que una mula, no porque tuviera un referente al que llegar, alguien que me guiara de la mano mentalmente hablando y que hubiera hecho mi mismo camino. Conocí a otras personas que se habían curado del Trastorno por atracón pero con ninguna era capaz de identificarme en los aspectos físicos, porque todas habían pasado de la obesidad al normopeso. Nunca habían rozado el límite de la obesidad mórbida.

E Internet, este maravilloso cajón de sastre donde se encuentra de todo, tampoco resultaba de ayuda. Si tecleas “obesidad mórbida” en San-Google-patrón-de-todos-los-conocimientos lo único que encuentras son datos, cifras, clínicas de cirugía, datos médicos... Todo frío e impersonal, ni un ápice de emoción o de sentimientos de esas personas con nombres y apellidos que sufren esa enfermedad. Hace años, cuando yo empecé mi tratamiento no había NADA: ni un blog, ni una historia personal, ni una historia contada en tercera persona... ¡Pero existíamos! ¿Dónde estábamos? Pues todos en el mismo sitio, recluídos en casa: solos e incomprendidos.

Hasta que un día, lloré como nunca delante de mi ordenador porque estaba escuchando a una chica de 28 años y 150 kilos diciendo entre lágrimas y rabia que no podía seguir así, que aborrecía su cuerpo día tras día, que quería vivir, ser una chica normal, que quería correr, bailar, salir con amigos, ligar, que no quería morirse. Y todo esto lo decía... en inglés.

Estados Unidos. Ése sí es el país de la obesidad mórbida pero, más importante todavía, allí los obesos mórbidos tienen voz, son visibles. Para criticarles, educarles nutricionalmente, para ayudarles, para felicitarles, lo que sea... Pero existen como personas. A la que empecé a buscar información, me cayó encima un torrente entero. ¿No quería que me comprendieran? Pues toma tres tazas.

En Estados Unidos, la obesidad es una epidemia ya, pero estas personas están la calle. Están en hamburgueserías, de público en programas de TV, tienen realities shows para perder peso (en España nunca han funcionado porque no queremos ver, apartamos la mirada de esta realidad...), tienen comunidades de apoyo mutuo, hay blogs, foros, clubs presenciales y on line, grupos de apoyo en los barrios, asociaciones... Son minoría sí, pero son visibles. Pueden hacer las cosas bien o mal (que no digo que lo hagan bien ni muchísimo menos) pero al menos hay algo. Hay una red de personas con una problemática común.

Y no soy pro-yanki ni muchísimo menos, de hecho yo soy la primera en señalar los graves fallos que tiene la sociedad americana a nivel político, social y económico y la doble moral que les domina. Pero en el tema del peso y de mi obesidad mórbida... En eso, me he alimentado de la sociedad americana: me he tragado todos sus programas de televisión, he leído blogs, historias personales, me han inspirado, me han hecho llorar, me han hecho cerrar el ordenador de golpe de la rabia que sentía porque en determinadas situaciones estuvieran poniendo nombre a mis sentimientos, me han hecho levantar el culo de la silla e ir al gimnasio, me he comprado libros, he visto películas que nunca llegaron a España (realidad y ficción), he leído sobre coaching, trainings, workouts (simples entrenamientos pero queda más chulo decir workouts jajaj)... Y siempre unilateralmente. Quiero decir, yo no estaba en ningún club, ni participaba en ningún foro, ni comentaba nada. Sólo era espectadora de la realidad que yo vivía cada día y veía como los demás vivían la misma, la superaban, se caían, remontaban, contaban sus vivencias... Era simplemente pensar un “no estoy sola” a la vez que aquí seguía en tratamiento por mi Trastorno por atracón.. Simple, sencillo y esencial.

Y en estas estamos. Estoy curada de mi trastorno por atracón, he perdido unos 53 kilos, sigo unas pautas alimenticias correctas e intento superar cada día las limitaciones mentales que aún arrastro conmigo. Pero hay un problema: mi cuerpo. Si nunca conocí a nadie con un peso inicial como el mío, tampoco he encontrado a nadie con un peso actual como el mío y con la misma historia detrás. Así que a volver la mirada de nuevo hacia el otro lado del charco, porque necesito inspiración otra vez, necesito saber qué valorar, necesito sentirme arropada y comprendida. Necesito saber que alguien ha pasado por donde yo estoy.

Y resulta que lo que encuentro es el blog de una chica (¡a mí me parece preciosa!) que no sólo ha pasado por lo que yo he pasado, sino que con su post del 16 de mayo “10+ Reasons I Love my Ugly Body” (“10 razones por las que Amo mi feo Cuerpo”) me hizo llorar como la primera vez que sentí que alguien me comprendía de verdad: los problemas con la comida, la pereza que da ir al gimnasio, la transformación que sufre tu cuerpo, el amor que cada día le vas teniendo un poco más al ver cómo lo vas transformando de forma sana, la pena por haberlo maltratado durante tanto tiempo.... Ésta es Andrea:

Orgullosa de su cuerpo pero más importante todavía, de lo que puede hacer con él,
después de perder unos 74 kilos

De verdad, si tenéis un minuto echadle un vistazo a su post porque no os arrepentiréis, vale oro. http://imperfectlife.net/ilovemyuglybody/

A mí me ha dado toda una lección. “¿Cómo, en tan poco tiempo que llevo de alta de mi enfermedad, he olvidado todo lo que antes no podía hacer físicamente y ahora sí? ¿Cómo no lo valoro todavía más? ¿Cómo soy tan borrica de criticarme la flacidez de mis brazos o vientre como si no recordara cómo estaba antes? ¿Cómo se me ha olvidado a mi misma felicitarme por lo que he conseguido en vez de criticarme? ¿Cómo me comparo con otros cuerpos si ellos no han sufrido lo que yo le he hecho sufrir al mío? ¿Cómo no me confieso a mí misma que, en verdad, nunca cambiaría mi cuerpo actual con sus “cicatrices de guerra” por el que tenía antes de 125 kilos?"

Así que, inspirada por Andrea del blog http://imperfectlife.net/ aquí van mis fotos... ¡Qué va! ¡Era broma, jajaja...! Me conformo con compartir con vosotros todo lo que mi cuerpo sí puede hacer ahora (¡y he hecho!), independientemente de su apariencia.

  - Me puedo subir a un avión sin tener que pedir un alargador para el cinturón de seguridad.
  - Puedo cruzar las piernas cuando estoy sentada y no un poquito, sino que las pantorrillas me quedan paralelas del todo.
  - Puedo entrar y comprarme ropa en cadenas de ropa de tallas normales.
  - Puedo hacer 20km de senderismo (con un desnivel acumulado de 1.000 metros) y seguir el ritmo de mis compañeras de marcha.
  - Puedo tirarme en paracaídas (hay un peso máximo para hacerlo). Esto aún no lo he hecho, pero el vuelo en parapente sí lo tengo programado para dentro de un par de meses.
  - Puedo ir al cine sin que el tamaño de las butacas sea un suplicio
  - Puedo ir a un parque de atracciones y subirme en todas las atracciones porque no es que quepa, es que sobra espacio...
  - Puedo aguantar dos horas intensas de pesas en el gimnasio, zumba, danza africana, o cualquiera de las decenas de cosas que he probado, sin desfallecer en los primeros 15 minutos...
  - Puedo ponerme tacones de 9cm y caminar con ellos más de tres pasos seguidos.

Y así podría seguir rato y rato...

Ya que estamos, también os presento el blog de Brooke, ella ha perdido 78 kilos. Y también es un placer leer sus posts sobre su cuerpo:  http://brookenotonadiet.com/ 

Así que, todo lo que he vivido, conocido, leído y sentido me conduce a dos cosas que me recuerdo a menudo:

“Si alguien no acepta mi cuerpo es porque tampoco me acepta a mí: mi historia, mis debilidades, mis fortalezas, mi lucha estos años...”

Y, por otro lado, por alguna extraña razón, no sé si es genética, deporte (que tampoco ha sido algo excesivo), que bebo mucha agua (no creo que sea esta nimiedad), suerte, que la pérdida de peso haya sido lenta... lo que sea, aunque he perdido tantísimos kilos mi cuerpo tiene menos flacidez de la usual en estos casos. Hay personas que han perdido menos peso y su cuerpo se ha resentido más. Así que, si alguien se atreve a criticarme o juzgarme por el aspecto de mis estrías, mis brazos, mi vientre, mis muslos o la flacidez de mi cuerpo sólo puedo decirle: “Ponte en mi piel y vive mi historia antes de que salga una sola palabra más de tu boca. Veamos si tú eres capaz de hacerlo mejor que yo...”

2 comentarios:

  1. Ole, ole, oleeee! Me ha encantado, me quedo con la frase del final.

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    1. Aún no la he tenido que utilizar cara cara con nadie (y esperemos no tener que usarla) pero ahí la tengo guardadita jajaj :)

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