Texto atracones

Texto atracones

03 octubre 2014

No te echo de menos atracón...

Más de 10 años dándome atracones de mayor o menor intensidad y ya no tienen lugar en mi nueva vida. De mi “vida anterior” NO ECHO DE MENOS…

- Lo inteligente y astuta que me volví de adolescente para esconder comida, bolsas de patatas, bolsas de chucherías… (y sus correspondientes envoltorios) en los sitios más raros de mi casa para que mis padres nunca vieran todo lo que llegaba a comer. Debajo de mi cama, armarios, cajones del escritorio, detrás de la nevera, en la lavadora… cualquier sitio donde pudiera recuperar la comida por las noches sin que me pillaran. Recuerdo que incluso alguna vez me di un atracón en el baño, mientras parecía que me estaba duchando con el agua corriendo.

- Las lágrimas de frustración tras cada atracón por haber fallado nuevamente y no haber conseguido llevar una alimentación equilibrada.

- La horrible sensación al final de un atracón: culpabilidad, puro fuego en el estómago, angustia, sensación de ahogo, horrorizada por lo que acababa de hacer y ya no había marcha atrás, esa relajación engañosa, la somnolencia, la pesadez del cuerpo, la desidia e indiferencia…

- La culpabilidad por no tener fuerza de voluntad para resistirme a un atracón.

- Ducharme siempre después de darme un atracón para quitarme la sensación de “suciedad” del cuerpo.

- La lucha mental constante frente al “quiero y no puedo”.

- Los retortijones y dolores de estómago cuando estaba en la cama que me hacían saltar lágrimas de dolor.

- La sensación de cansancio constante y pesadez en las piernas, estómago, brazos… Me pesaba el cuerpo y el alma.

- La baja autoestima que yo alimentaba más cada día.

- Las veces que intenté forzarme el vómito tras un atracón y al no conseguirlo me sentía todavía más desgraciada porque ni para eso servía.

- El compararme con mujeres más obesas y respirar de alivio cuando percibía que otras personas en la tele o periódicos incluso pesaban más que yo.

- El compararme con el 90% de las mujeres que veía o me cruzaba por la calle y cada vez flagelarme más por ser un monstruo y no tener un peso normal como ellas.

- Subir tres tramos de escaleras jadeando como si hubiera corrido un maratón.

- Pasar rápido por delante de las tiendas “normales” de ropa deseando mirar los escaparates pero no pararme, por si me veían y resultaba ridícula mirando lo que no podía tener.

- Las ganas de meterme en la cama, taparme con una manta y quedarme así días, semanas, años….


NO EXTRAÑO, PARA NADA...

- La falta de remordimientos al mentir a mi alrededor (jefes, familia, amigos…) porque sólo importaba lo que yo quería: estar sola en mi casa y darme atracones. Decenas y decenas de excusas para no ir a reuniones familiares, discotecas, bares, fiestas de cumpleaños, celebraciones, excursiones por el campo, cenas de empresa de Navidad, días en la playa…

- La sensación indescriptible de rechazo hacia mí misma cuando escuchaba que mi madre le decía a alguien: “Sí, pobre, mi hija está gordita porque como es alérgica, toma cortisona y eso la hincha”. Si mi madre realmente creía eso, yo era una mentirosa Nivel experto y si ella sabía que era imposible que fuera verdad, ¿me encubría por lástima? 1 semana de antihistamínicos con cortisona en primavera no te cargan 120 kilos en la espalda.

- El ni siquiera molestarme en maquillarme muchas veces porque, ¿para qué?

- Los interminables fines de semana en casa sin salir para nada más que para ir a comprar comida, leyendo muchos libros y viendo películas, soñando con ser la protagonista de otras vidas.

- Las risas forzadas, impostadas y falsas cuando alguna vez quedaba con amigos como si mi vida no fuera un completo tsunami de ansiedad. Mi sentido del humor era el velo perfecto para ocultar mi profundo dolor.

- La búsqueda constante de soluciones: dietas, endocrinos, nutricionistas, libros de autoayuda, meditaciones, terapias naturales, videos, frases motivadoras, psicólogos, psiquiatras… Siempre buscando fuera de mí “la respuesta mágica e infalible” que me solucionara la vida.


POR SUPUESTO, TAMPOCO ECHO DE MENOS...

- La obesidad mórbida de los últimos años. Y el estilo de vida que implicaba:

      - Vestir con ropa de mujer mayor y no porque me gustara. Vestía lo que podía, no lo que quería.

      - Mi salud: tiroides tocada, mala circulación, colesterol alto, tensión alta, azúcar alto… todo alto menos la autoestima.

      - Caminar por la vida. Nunca corría… El metro estaba a punto de salir de la estación, pero yo nunca corría…

      - Las “cosas asquerosas” (yo las catalogaba así) que me pasaban y que me hacían sentir asco de mí misma por sentirme responsable y de las que nadie hablaba: los eccemas en la piel, las erupciones por exceso de azúcar, el mal aliento por las malas digestiones, los hongos en la piel bajo el pecho, en las axilas y las ingles donde la piel se rozaba, las heridas en el interior de los muslos de rozarse incluso con pantalones, las infecciones por cándidas de tanto azúcar que tomaba…

      - ¡No echo de menos mi chepa casi me olvido de ella! Durante años tenía una chepita pequeña y los médicos me decían que era exceso de grasa. Nunca les creí, pensé que yo estaba deformada y al tener obesidad se sacaban eso de la manga. Ellos tenían razón….

      -  Hacer contorsionismos para hacerme la pedicura yo misma porque mi barriga me impedía llegar de forma digna a mis pies.


NO, NI SIQUIERA ECHO DE MENOS....

- La vergüenza que sentía cuando en ocasiones, a la mañana siguiente, recuperaba de la basura de la cocina restos de comida que había tirado tras un atracón nocturno.

- El autoengaño de pensar “mañana, me pongo a dieta”, puedo controlarlo cuando quiera.

- Las miradas de lástima y pena de mis padres cuando iba a visitarles y veían que en cada visita engordaba más pero mi actitud a la defensiva, con mirada dura a la vez, como retándoles a que abrieran la boca, les frenaba en seco y sólo se atrevían a preguntarme: “¿qué tal? ¿cómo te va el trabajo?”

- El miedo a sentarme en una silla de un sitio público y que se rompiera; el estar encajonada en una butaca del cine fingiendo que todo era normal cuando mis caderas y muslos rozaban las butacas de al lado.

- Despertarme por la mañana tumbada en la cama boca arriba, acariciarme la barriga e imaginarme que cuando me levantara seguiría tan plana como la notaba en ese momento.

- La soledad que no se separaba de mí día tras día, año tras año…

- Envidiar a las chicas anoréxicas y bulímicas porque ellas tenían más fuerza de voluntad que yo para vivir su vida y conseguían el cuerpo que querían (por favor, perdonadme por pensar así entonces. Todas estábamos igual de enfermas).

- Las virguerías que llegué a hacer para intentar adelgazar: ayunar, ponerme todos los potingues y cremas que publicitaban, envolverme en film transparente para sudar más, comprar aparatejos de abdominales en las tiendas, fajas reductoras, acupuntura…



No echo de menos el tragarme mis miedos, ilusiones, sueños, inseguridades… y no dejar que salieran hacia afuera.

No echo de menos la rabia y desesperación que me inundaban cuando iniciaba un atracón comiendo diferentes alimentos a la vez de forma voraz sin apenas notar su sabor.

No echo de menos el soñar con una vida mejor pero sin atreverme y sin poder hacerlo a alargar la mano para intentar alcanzarla.

No echo de menos el agujero que tenía en mi alma y que intentaba llenar con comida. No lo echo de menos porque ese agujero es infinitamente más pequeño.


Pensándolo fríamente, ¿algo que sí eche de menos de mi vida de atracones?

www.cinemania.es
NADA

10 comentarios:

  1. Uff qué de recuerdos trae este post... Me identifico mucho
    Algunas cosas las veo como muuy lejanas, otras no tanto, aunque definitivamente sé que ya no soy la misma

    Un abrazo y gracias por tu valentía

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  2. Gracias Isa también a ti por reconocerlo y por tus palabras. No podemos negarlo pero vamos a poner toda la tierra por medio que podamos. Como bien dices, cuanto más lejos lo dejemos mejor... (yo además como soy miope perderé todo esto antes de vista jajaja)

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  3. Siento que pones palabras a mis últimos años, yo nunca he sabido explicarlo como tu haces. Gracias, A.

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  4. Gracias por tu comentario A. Además de tus últimos años, espero que sean tu pasado y no tu futuro.

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  5. He tardado DEMASIADO en pasarme por aquí, porque nunca encuentro las palabras adecuadas y me hago un lio muy feo con lo que quiero expresar. Pero en este comentario quiero darte las gracias, tanto por éste post (con el que no puedo sentirme más identificada), como por tu paso por mi blog.
    Me alivia y me molesta a la vez saber que no soy la única en esta lucha perpetua. Muchisimos besos y abrazos y sigue así, nos hacemos falta.

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  6. Muchas gracias a ti por pasarte Estela. Tal como te comenté en uno de tus posts, tu historia es realmente admirable. Eres todo un ejemplo.
    La lucha que sea todo lo perpetua que quiera que de momento vamos ganando nosotras jeje Un abrazo

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  7. Gracias por este regalo. Yo estoy en el proceso de curación. Un abrazo

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    1. Muchísimos ánimos en tu proceso, estás en el camino adecuado. Y gracias por tus palabras. Un verdadero regalo es realmente todo lo que seguro ya estás consiguiendo. Un abrazo.

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  8. Meritxell,te sigo desde hace unos días. Estoy leyendo todos tus poste y me siento asustada y confundida.
    Dices que buscamos las respuestas en el exterior (psicólogos y psiquiatras entre otros).El lunes tengo cita en centro ABB para una valoración y espero que puedan ayudarme.
    No estoy en el extremotan severo que tu estabas pero meda miedo llegar ahí. Tengo que poner remedio y siento que no sé cómo hacerlo.
    Admiro tu valentía y fuerza de voluntad. Gracias por contar tu experiencia.

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    1. Hola Ana,
      Yo creo que más que respuestas, buscamos soluciones en el exterior para todo: una dieta milagrosa que nos haga adelgazar, una pastilla que nos haga felices y nos evite el sufrimiento, un X (psicólogo, psiquiatra, dietista, nutricionista, curandero, naturópata, lo que sea!) que nos dé la clave mágica para conseguir lo que queremos... Es siempre buscar algo fuera.
      En mi caso era "me siento mal yo, espero que la comida (externa) me haga sentir mejor".
      Supongo que ya has tenido (o estás teniendo jejej) la cita en ABB, así que espero que sí, como tú dices que puedan ayudarte en lo que necesites.
      Un abrazo!

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