Texto atracones

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27 febrero 2015

Yo tenía una gata... que me dio un par de lecciones


Yo tenía una gata… con complejo de zorra. Me salió mala, ¿qué le vamos a hacer? Esto es como el primer amor, pocas veces sale bien. Tú vas ahí con todas las ganas, la ilusión, el cariño y la expectativas bien altas y te llevas un zarpazo en los morros (de la gata, no del primer amor, no os despistéis…).

La adopté de una protectora cuando tenía unos tres-cuatro meses y suponemos (los del centro y yo) que su madre la abandonó al nacer, debió pasarlas canutas y se había vuelta una hija de… gata. Ya sabéis, esta tendencia que tenemos los que hemos ido a terapia de buscar los porqués a todo.

Mi gata se llamaba Mada, por Mimada, pero como bien la rebautizó un ex rollete mío era más bien Mada de “Mada” Fucker. Se hizo la dueña y señora de mi casa, mi familia no me visitaba porque le tenían miedo, mis amigas con hijos no me visitaban porque se abalanzaba sobre los niños, los hombres sí que me visitaban porque con ellos la “Mada” fucker se comportaba suavita y mansa, les ronroneaba y les hacía carantoñas para que la acariciaran (con lo cual, además, la muy prostituta me robaba la atención de los rolletes, ¡y eso estando ya castrada! –castrada la gata, yo no… que ya digo que os despistáis-).

Aquí el “angelito” el primer día que llegó a mi casa. Tres meses y vaya uñas ya… ¡ay si hubiera sabido lo que se me venía encima!

Todo el mundo me decía que eso era normal en gatitas pequeñas y que sólo era traviesa, que no me desesperara hasta que yo les decía: “venid aquí majetes, que en cinco minutos os hago cambiar de opinión”. Ésta era mi vida:

- Jamás vi dormir a mi gata. J-A-M-Á-S. ¿Quién de vosotros tiene un gatete que no haya visto dormir? Pero si muchas veces parecen osos hibernando. Pues jamás, supongo que dormía por las noches, como yo, pero en cuanto yo me levantaba empezaba la fiesta.

- Jamás en ocho meses que la tuve aprendió a meter las uñas. Toca y arañaba / rasgaba. ¡Y mordía!

- Se intentó suicidar dos veces: una se tiró al váter y no podía salir (buff qué maullidos a las 4 de la mañana) y la otra se intentó ahorcar con un juguete, un palo con cuerda con el que yo jugaba con ella porque ya no podía jugar sin que me hiciera sangre. Yo me fui a duchar y cuando salí me la encontré con tres vueltas al cuello de la cuerda, colgando con la cabeza de lado y la lengua fuera. Le corté la cuerda y la muy zorrona me empezó a atacar ¡a mí!

- En miiiiii casa ella campaba a sus anchas mientras yo estaba siempre en el sofá en tejanos, zapatos, con jersey y con la batamanta puesta (porque cuando me tocaba siempre clavaba las uñas para acariciar), con las gafas puestas (se lanzaba a los párpados cuando veía que se movían, y yo no podía evitar parpadear, ¡por Dios!) y con moño, porque tengo el pelo muy rizado y se divertía jugando con él y arañándome la cabeza.

En misión kamikaze
- Se quemó el culo y las patas dos veces por sentarse encima de la encimera encendida, a pesar de que yo cerraba la puerta de la cocina (¡que ella aprendió a abrir saltando!).

- Contraté a un veterinario homeópata que vino a verla a casa a ver si era normal o no. Me dijo que no, que era mala y encima yo no la controlaba (¡nos ha jodido si le tenía miedo, cómo la iba a poder controlar!). Pues cuando el veterinario ya se iba de mi casa y estaba acariciando a Mada-Maligna para despedirse, la otra le mordió tan fuerte en un dedo que le pilló una venita al pobre hombre y me acabó dejando el suelo bien encharcado de sangre. Un show…

- Cuando ya empezó a crecer, tenía más fuerza, pues una noche de un empujón en la estantería de la cocina me tiró ocho platos de golpe al suelo… a las 3 de la madrugada, el salto que pegué en la cama del susto me quitó diez años de vida… (mi cumple es en abril y pensaba en una vajilla… ahí os lo dejo).

Si le quitaba la pera, me arañaba
- Yo no podía comer ni cenar tranquila, todo el santo día encima de mí arañando y si ya de por sí las comidas son mi momento delicado, por culpa del trastorno por atracón, pues esta loca de la caverna me ponía más nerviosa de lo normal: se me sentaba encima de la comida, me saltaba a la cara, me arañaba las manos…

- Un día me tocó tanto las narices que compré un spray de feronomas, antiestrés y una vez cada dos semanas rociaba medio frasco al aire. En verdad, sólo había que pulverizar una o dos veces pero yo necesitaba hacerlo diez o doce veces para que le hiciera efecto y la gata medio se calmara y aunque se quedara grogui yo pudiera tener un poco de tranquilidad en casa.

- Más de una vez los vecinos me pillaron poniéndome las medias en el ascensor, porque de mi casa tenía que salir con pantalones para que no me rasgara las piernas.

- Cuando yo estaba cocinando o fregando las platos, se me plantaba delante y al ver el movimiento de las manos se me lanzaba a morderlas de mala ostia como si la fuera a atacar y le daba igual mojarse que no. ¡Pero qué gato normal no tiene miedo del agua! La mía...

- Un año después todavía tengo un par de cicatrices en manos y piernas que no creo que se vayan.

PEEEERO siempre hay un pero, echando la vista atrás… la muy furcia sí que me enseñó un par de cosas. Aquí van las lecciones de hoy para la vida en general y para lidiar con el trastorno por atracón, en concreto, patrocinadas por “Mada” Fucker.

1.  NUNCA RENDIRSE


No siempre gana la persona más fuerte o más preparada, sino la más constante. Es como la gota china que a base de caer siempre en la misma piedra la acaba erosionando.

Mi pequeña ramera era tozuda como una mula. Si quería entrar en un sitio, comer algo, tocar algo, trepar a algún sitio o tocar las narices a alguien… no paraba hasta que lo conseguía. Por las buenas o por las malas. Si no era hoy, sería mañana.

Mada-lección: si luchas puede que lo consigas o no, pero si no luchas te aseguro que no lo conseguirás.

2. BUSCAR MIL Y UNA FORMAS DE CONSEGUIR TU OBJETIVO

Escalada extrema
Desde el primer día que estuvo en mi casa, Mada se emperró en subirse a la encimera de la cocina que era altísima para lo moco que era ella. Pues lo intentó cada día durante más de tres meses. Primero, saltando directamente (las risas que me echaba a su costa de los golpes que se daba ella sola por tozuda), luego, escalando como si fuera una vía ferrata y ni aún así llegaba porque su cuerpo le pesaba más que la fuerza que tenía en las patas y se caía de espaldas para atrás.

Luego le dio por trepar desde mis piernas (clavando uñas no lo dudéis), a ver si así lo conseguía… Y finalmente lo consiguió, por supuesto. Un día, después de buscar mil y una formas, saltó y llegó a la encimera.

Mada-lección: inténtalo de todas las maneras posibles porque alguna funcionará.

3. SOBREVALORARSE (CON TENER UNA AUTOESTIMA SANA ES MÁS QUE SUFICIENTE)


Que alguien me explique a mí cómo un retaco (con uñas sí) que se alzaba menos de 20 centímetros del suelo y pesaba un kilillo y poco me podía tener atemorizada a mí de más de metro sesenta y que pesaba setenta veces más que ella…

Pues si ella me bufaba o hacía por atacarme, yo me apartaba. Hasta le bufaba a la gata de mi vecina cuando la veía, que la pobre era enorme y de un guantazo la hubiera tumbado a la mía.

Es más, mis jefes tienen un perro y un gato. ¿Quién es objetivamente más fuerte? El perro. ¿Quién manda en su casa? El gato.

Mada-lección: eres todo lo fuerte que te creas que eres. Que el mundo tenga miedo de tus sueños y de todo lo que se te ocurra, no al revés…


Actualmente, mi gata está en el paraíso de los gatos. Nooooo, no la maté, la llevé a otra protectora donde lidian con animales conflictivos. No la tienen en adopción porque es agresiva, pero está todo el día al sol en un tejado y con comida y bebida gratis. De por vida. Vaya vidorra se está pegando mi “Mada” fucker…

7 comentarios:

  1. Jajaja lo que me he reído...... a mí me encantan los gatos pero he de decir que una gata así no sé si me encantaría tanto D: por suerte me han salido buenos, o en todo caso asustadizos pero así como esta no... XD
    Finalmente de todo se puede sacar un aprendizaje! me los debería aplicar los tres!

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  2. Yo ahora estoy pensando en adoptar un conejo, espero no tener que "dedicarle" un post también jajajaj

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  3. Buenooooo, vaya con el lindo gatitoooo! A mi también me gustan mucho los gatos, el primero que tuve se hizo amigo del perro de los vecinos y se encargaba de ahuyentar a los gatos que lo perseguían.
    Yo también me he reído un rato, me he podido imaginar las escenas, jijiji!

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  4. O sea... que los gatos perseguían al perro del vecino y el perro contrató a tu gato como guardaespaldas? Lo que hay que ver... jajajaj

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  5. Jijiji. No el perro dejaba pasar a mi gato y bloqueaba el paso al resto de gatos. Por cierto, a penas quedan gatos callejeros, ui ui uiiii....

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  6. Jajaja si que era zorra la gata!! Es genial que te dejara estos aprendizajes que ahora compartes con el mundo. Algo bueno tenía que tener!!!

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    1. Uyy sí, me dejó aprendizajes, pelos en casa, las cortinas raídas, cicatrices en muñecas y cuello... y un cortauñas gatuno sin estrenar que no sé qué hacer con él... ;) jajajaj

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