Texto atracones

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03 abril 2015

¿Qué se hace con los miedos? Enfrentarlos


Casi todos mis miedos han sido (y son) infundados. Siempre. Eso me da bastante rabia… Si yo hubiera sufrido acoso escolar entendería mi miedo a que una persona de adulta me hiciera pasar por lo mismo. Si me hubieran insultado o pegado también entendería el tener pánico a que eso volviera a ocurrir. Lo mismo si nunca nadie me hubiera querido, entendería mi miedo a estar sola toda la vida. Pero nada de eso ha ocurrido. A mí…. Porque mis miedos se basan en el “he leído”, “he conocido”, “me han contado”, “he visto”… y me acojono yo solita como una niña.

A mí me parecen, ciertamente, bastante peculiares mis emociones al igual que su justificación. Por ejemplo, tengo miedo de que algún día me atraquen o me roben, porque nunca me ha pasado. Siempre digo que si en el cole me hubieran robado el bocata o el dinero o algo así, me habría curtido más y ya sabría que no me voy a morir de eso. Es duro pero la vida sigue, te hace más fuerte. En cambio, ahora lo que siento es un miedo irracional a muchas cosas.

Mi único miedo real (el resto no son fruto de la experiencia) es volver al sitio de dónde vengo: encerrada en casa, sin vida propia, pesando 125 kilos y padeciendo trastorno por atracón. Y como ese miedo es real por lo mal que lo pasé, ya me encargo yo de no volver a ese lugar.

Ahora bien, ¿qué hago con el resto de mis miedos irracionales? Miedo a que no me quieran, miedo a que se rían de mí, miedo a desnudarme delante de un chico y le dé asco (¡miedos irracionales! recordad…), miedo a no ser lo suficientemente guapa, inteligente o divertida para tener amigos, familia, pareja… Miedo a morirme sin haber hecho todo lo que tengo que hacer, miedo a ponerme enferma (un pelín hipocondríaca sí que soy), miedo a que me tomen por tonta… Y… miedo a viajar sola.

Hace unos cinco años, cuando empecé tratamiento (eyyy, ¡que ya llevo dos años dada de alta! cómo pasa el tiempo…) la psicóloga me pidió que hiciera una lista de cosas o situaciones que me costaban o me daban miedo, de menor intensidad a mayor. Y aquí está la hojita original que todavía guardo…



Aún me sigue impactando cuando la vuelvo a releer, a pesar de las tachaduras, las anotaciones… Poco a poco, semana tras semana o mes tras mes mientras estuve en tratamiento fui, entre otras cosas, superando cada uno de estos miedos íntimos y muy personales. ¿Y cómo lo hacía? Pues enfrentándome a ellos. Ahora bien, se podrían seguir dos líneas para enfrentarse a los miedos.

      -  Una de ellas sería a lo burro. En plan, terapia de choque o terapia impactante. Un equivalente de: “¿no sabes nadar? Te tiro a la piscina y nadas o te ahogas”. O, por ejemplo, la gente que tiene pánico a las arañas, le puedes poner a la fuerza una araña en la mano y la pobre que esté aguantando ahí durante horas con sudores, nervios, mareos, con la ansiedad subiendo… hasta que llegue al pico máximo y, si no le ha dado un soponcio, pues oye igual empieza a ver que no le pasa nada. O eso, o aguanta la respiración durante unas horas en medio de un ataque de ansiedad. Ésta sería una forma de enfrentarse a los miedos, rápida, directa y… puede que también traumática.

     - La otra forma sería más tranquila y menos impactante. Se trataría de enfrentarse a los miedos, poco a poco, por partes, de forma gradual y, en un entorno, donde si existe ansiedad ésta es controlable hasta cierto grado.

Mientras yo estaba en tratamiento me enfrenté a la mayoría de mis miedos de una forma productiva, por llamarlo así. Empecé por lo menos doloroso para mí como era ir a caminar sola por la calle simplemente por el placer de pasear o que me diera el aire o para salir de casa. Se me propuso en terapia, expuse mis miedos a la psicóloga (miedo a que me miren, a que me insulten, a sentirme un monstruo paseando con más de 120 kilos, a sudar por culpa del esfuerzo, a que alguien me señale y se ría, miedo a ir sola…) y fuimos descomponiendo y buscando razonamientos o soluciones a una por una de mis objeciones. Al cabo de unos días, me preparé mentalmente, recordé lo hablado, luché contra mis miedos, puse un primer pie en la calle, luego otro, apenas conteniendo la respiración… y me di una vuelta de unos quince minutillos por el barrio. Durísimo, fue durísimo para mí. Pero repetí, porque es la forma en la que se lucha contra los miedos. Enfrentándolos.

Poco a poco, semana a semana iba aumentando la confianza, la duración de mis paseos, y muy poquito a poco aumentaba el disfrute: a veces iba con la música puesta, cambiaba de recorrido… Hoy por hoy, paseo sola que da gusto. Me salgo a dar una vueltecita o me pego caminatas de más de una hora hasta la playa y me siento frente al mar. A veces voy con los auriculares puestos, a veces no, a veces miro a la gente de alrededor, a veces no…

Y así, mes tras mes, me fui enfrentando a varios de mis miedos de la misma manera: con calma, suavidad, comprensión, paciencia, muchos nervios, ansiedad lógica pero moderada, no descontrolada… Volví a subir a un avión porque me encanta volar y comprobé, como el cinturón me abrochaba al haber reducido mi peso, hice un curso de esgrima, me apunté a clases de salsa, (que esto sí que me costó un poquito más como os contaba en este post), iba a fiestas en las que sólo conocía a una o dos personas, me fui de vacaciones a Nueva York con una amiga, fui al cine y al teatro por mi cuenta, me fui a la playa sola en bikini… Básicamente empecé a asentar las bases de mi vida. Hasta que… me dieron el alta.

De repente, estaba “en la calle” con el trastorno por atracón controlado, todavía con miedos encima contra los que debía luchar, enfrentándome a la vida diaria pero esta vez sin un apoyo constante y regular del centro de trastornos alimenticios. Y lo que es peor… con unas ganas e ilusiones tremendas de vivir, de experimentar, de sentir, de comerme el mundo a bocados y de recuperar el tiempo perdido. ¿Por qué lo peor? Pues porque, sin darme cuenta, sólo recordé que los miedos se enfrentan y se me olvidó el cómo. Así que, durante un año, el 2013 me enfrenté a mis miedos de golpe, como la que se tira de cabeza a la piscina sin saber si hay agua. Oye, que me lo pasé pipa, no os digo que no, fue un año brutal para mí, increíble: volví a actuar bailando en escenarios (¿hola?¿y el miedo a si la gente se ríe? ¡Va, pa lante, sin pensar!), me cambié de piso, conocí a un montón de personas nuevas, fui a congresos de baile, ligué, digamos “finamente” que “recuperé el tiempo perdido con lo último que está anotado en la lista” ;) , me enfrenté a mis inseguridades (no siempre vencí), hice deportes de riesgo…

Me enfrenté a los miedos de forma bruta, a lo animal. Cuando salía bien, yo estaba exultante; cuando salía mal, vivía las cosas como un drama, de forma intensa y dolorosa. Me di muchísimas veces unos batacazos impresionantes.

Pero, por suerte, he vuelto a recordar cómo se hacen las cosas o cómo quiero hacerlas en mi vida, mejor dicho. Hay cosas de la lista que no he cumplido pero que ya no me dan miedo, como lo de ir a un parque de atracciones. No tengo prisa por ir, porque ya sé que quepo en las atracciones.

Aunque hay una cosita…. que me escuece desde hace años. Mi espinita clavada es viajar sola. Y muchas veces en estos dos años he pensado en seguir en la misma línea que llevaba estos últimos años. A saber… “¿Miedo a viajar sola? Te compras un billete de avión y te vas donde Cristo perdió el gorro, ahí sola y perdida hasta que lo superes”. Pues no. Ésta vez he sido consciente y he decidido encararme con mis miedos de forma menos traumática y más placentera (o eso espero).

Hoy, en unas tres horas,  me voy a Madrid a pasar la Semana Santa (vaaaaale, no es un destino exótico pero sirve para ir cogiendo experiencia en lo de viajar sola), me voy en AVE con una amiga desde Barcelona (con lo cual no estoy sola desde cero), allí estaré durmiendo sola en una pensión (ni hotel, ni en albergue durmiendo con más desconocidos), iré a comer sola a un restaurante que hace años que quiero ir y en otras visitas a Madrid no he ido porque a mis acompañantes no les apetecía. Estaré allí sola unos cuatro días haciendo lo que me dé la absoluta gana: pasear, hablar con guiris, mirar atardeceres, ir al cine, ver musicales (¿por qué los mejores se los quedan en Madrid y no los traen a Barcelona?), saldré a bailar salsa y bachata por la noche (aquí no iré sola, seguramente mi amiga sí que se apunte)… Vamos, que me iré de vacaciones más sola que acompañada, pero “entrenaré” para cuando quiera pegarme un pedazo viaje sola del todo a la Conchinchina.

He recordado a tiempo que tengo la actitud correcta. Quiero vivir, quiero enfrentarme a mis miedos, quiero ser un poco más feliz cada día a día, sólo se me había olvidado que no es necesario forzar ni lanzarse de cabeza a todo con los ojos cerrados porque los chichones no sólo duelen sino que algunos son evitables. No hace falta demostrar nada a nadie, sólo a uno mismo.

Tú escoges cómo te enfrentas a tus miedos, sólo tú. ¿De golpe? ¿Progresivamente? Tú decides tu estilo, pero enfréntalos. Sí o sí.

8 comentarios:

  1. Te superas en cada post y te superas día a día como persona, ahora mismo estoy boquiabierta. Felicidades!

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  2. Muchísimas gracias por tus palabras Olga. Siempre es difícil apreciar los propios logros, por eso estoy segura de que tú le das más valor a los de otras personas que a los tuyos propios. Que sé que los tienes... ;)

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  3. No estoy de acuerdo, y ahora eres tu la que te estas quitando méritos ;)

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  4. Olga, gracias por tu comentario. La verdad es que yo no tenía esa sensación de quitarme mérito, pensaré en si es cierto y quizás tienes parte de razón. Peeero tengo la certeza de que tú no valoras los tuyos como deberías :)

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  5. Gracias por compartir tu experiencia en este blog. Escribes muy bien, muy ameno y comunicando las cosas con inteligencia y sin que sobren palabras. En mi caso padezco "trastorno por atracón", según yo mismo me he "autodiagnosticado" (porque se ajusta como un guante a lo que me pasa). Pero así como dices que no hay dos personas iguales yo estoy tratando de superarlo por mi cuenta, y compruebo perplejo que acaba siendo más difícil de lo que pensaba. En mi caso hago mucho deporte y eso me ayuda a compensar los atracones, aunque es obvio que mi objetivo es abandonarlos. Quiero perder ahora mismo 13 kilos para quedarme en un peso perfecto, pero en lo que va de año he subido 6. Sigo una dieta más o menos estricta y hoy, que he hecho cálculos (después de un atracón), he visto que me he dado 31 atracones a lo largo de este año en los que he subido en total 47 kilos, con respecto al día anterior de habérmelos dado, y por el contrario, ha habido 27 días de muy intenso ejercicio en los que he perdido 31 kilos. El resto, por el balance de los demás días. Desconocía todo esto y estoy tratando de dar con la llave que me permita seguir haciendo deporte, sin necesidad de tanto afán (en 2015 llevo 67 horas de cardio intenso -bici, piscina, correr, tenis, artes marciales-, y 26 sesiones de levantamiento de peso), y sobre todo eliminar esos atracones que arruinan el sentido de mi objetivo. Me lleva pasando como seis o siete semanas consecutivas de perder 4 o 5 kilos a lo largo de la semana comiendo bien y haciendo deporte, y luego recuperarlos "con propina" el fin de semana. Como te decía, como tú explicabas, mi caso es muy distinto al tuyo, pero es el mismo síndrome (por cierto, yo tengo 32 años). Espero dar con la tecla para "arreglar la lavadora sin llamar al técnico". Soy muy cabezota y hago todo en la vida así. Muchas gracias por tu ayuda y enhorabuena por el blog!

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  6. Hola anónimo! Muchas gracias por tu mensaje y por tus palabras alentadoras. Lo cierto es que a mitad de mensaje he tenido que parar y he pensado: “a ver Meritxell, céntrate, que te estás perdiendo y no es plan de pillar la calculadora…” Es que soy de letras, ¿sabes? ;) Y las cifras que me has dado… déjame preguntarte algo, ya que lo vas contabilizando: de esas 93 horas de ejercicio que llevas en el 2015 (67+26 si no me he perdido que ya puede ser ya… jajaj), ¿cuántas has disfrutado realmente del ejercicio? Lo que quiero decir es que en pocas palabras que me has escrito se te percibe como una persona súper centrada y dispuesto a luchar por lo que quiere y, ¡leñe! lo estás consiguiendo, eres una persona digna de admiración pero, por favor, no te desequilibres. Porque entre el tiempo de darse atracones y el tiempo de compensarlos evitas males mayores, cierto, pero… ¿no te gustaría no tener atracones y entonces hacer deporte por gusto, por placer y vivir sin esa tensión constante? Tampoco se trata de sustituir la adicción a la comida por otra adicción, sino de suprimirlas…

    Sí, es verdad que yo personalmente “llamé a un técnico” pero te felicito si tú decides convertirte en uno y creo que ya lo mencioné justamente en ese post sobre la ayuda: el hacerlo solo no es sinónimo de que no vaya a funcionar, sólo significa que has escogido otro camino. Se me ha ocurrido algo… Ahora, con el tiempo ya transcurrido si estuviera en tu lugar yo creo que empezaría leyéndome este libro, quizás te resulta de ayuda, si no lo conoces: La superación de los atracones de comida de Christopher Fairburn. Me vienen a la mente otras opciones, pero no recuerdo títulos exactos, si quieres ya te los buscaré. Pero, en cualquier caso, hacerlo por tu cuenta, no significa que debas hacerlo “sin muletas”: lee blogs de personas recuperadas, de coaches, de psicólogos… Y si hablas inglés, cualquier fuente procedente de U.S.A por supuesto. Allí tienen una tradición larguísima tratando trastornos por atracón, prueba a poner “binge eating disorder” en Google y lo que te encontrarás de información es brutal. Además, allí hay bastante más paridad entre hombres y mujeres en cuanto a padecer trastorno por atracón y eso también tiene que resultar de ayuda.
    ¡Mucho ánimo en tu camino!

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  7. Gracias por la respuesta. Sí, vendrían a ser unas 106 horas de ejercicio, porque con las pesas suelo tardar hora y media... Es que encima lo voy apuntando todo. Tengo un archivo excel para la comida, otro para el ejercicio, otro para mis cuentas, mis lecturas y así unos cuantos más. Pero bueno, eso es por deformación profesional. Aunque parezcan muchas horas vienen a ser unas 6 y media semanales, que no es tanto como parece (aunque alguna semana puedan haber sido 10-12). La verdad es que el ejercicio me tiene "adicto", pero eso lo disfruto mucho. Es decir, me he propuesto hacer mucho en parte por adelgazar, pero también porque me gusta y tengo la suerte de poder permitírmelo en esta etapa. Es lo bueno de dejar una relación: te salen horas por todas partes. Además lo hago con amigos, conozco gente nueva, y es un buen contrapunto al trabajo. Pero sí, fueron algo frustrantes los vaivenes de peso. Todas las semanas acababa el viernes en unos 87 kilos y empezaba la siguiente semana en 91-92, tras atracones salvajes. Sobre todo la sensación de no ir a bajar nunca (mi intención es llegar a 80 kilos, o si no bajar de 82, que es lo que pesaba hace 4 años y es un BMI de 22,2). Bueno, esta semana he hecho una serie de cambios después de buscar información. La verdad es que aquí hay muy buenos consejos. Ahora estoy con gripe y no puedo hacer nada de deporte, pero casi es mejor porque así me pongo a prueba sin hacer trampas (hay días que pierdo 1200 calorías en sólo dos horas, jeje, también es porque donde voy hay un par de monitores un poco psicópatas...). De momento pinta bien. Me siento motivado, y una de las cosas que he hecho es quitarme presión... no tener prisa por alcanzar objetivos. Por ejemplo, quería conseguirlo antes de verano y ahora me conformo con que sea este año. Después de dos días de atracón, cuando te escribí, pesaba 93,1. Desde entonces, y sin haberme podido mover y sin pasar nada de hambre (nunca he hecho tonterías en ese sentido) he ido bajando así: 92, 91, y hoy 90,6...que ya empieza a ser normal. Así que me ha servido un montón descubrir tu página y la voy a seguir. Por cierto, creo que hay muchísima gente que sufre este "síndrome" sin tener ni idea de su existencia, como yo antes. Descubrirlo ya es un paso. Gracias de nuevo. Un beso!

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  8. Hola! Bueno, al menos está bien que disfrutes de las actividades fuera del horario laboral. Es cierto, que hay que llenar las horas sí o sí cuando se termina una relación, porque entonces queda un vacío enorme y ayuda a sobrellevarlo, o cuando no toleras bien la soledad o cuando existen otro tipo de impedimentos. Y, totalmente de acuerdo, que mucho mejor hacer ejercicio que otro tipo de actividad más “tóxica”. De hecho, mi mención era más bien en la línea de “ey, no te olvides de disfrutar”, porque aunque muchos psicólogos me lo han rebatido, yo creo que hay personas que tenemos una cierta tendencia (¡pero no genética!) a la “obsesión” ya sea comida, bebida, ejercicio, drogas, sexo… Y tampoco es bueno librarte de una para caer en otra…

    Tú eres de los míos jajaj, cuando nos damos atracones podemos engordar fácilmente 3-4 kilos en un fin de semana, ¡justamente en un fin de semana! Pero ¿sabes? Al menos en mi caso, se daba porque de lunes a viernes lo hacía todo perfecto pero sin darme cuenta iba acumulando tensión y ansiedad y al llegar el fin de semana, al no tener que ir a trabajar y no tener obligaciones, la ansiedad se desbordaba. Entonces, lo que yo hacía era reservar todo el esfuerzo para no darme atracones para el fin de semana más que “gastar” toda la reserva entre semana. Además, a mí me funcionó muy bien, seguir haciendo deporte el fin de semana pero “camuflado” en otras actividades. Al principio hacía zumba (síiii, ya sé que a los chicos no os gusta…) y luego empecé a quedar con amigos deportistas para salir: íbamos a la montaña a hacer senderismo durante 4-5 horas a un buen ritmo o excursiones en bici o a parques temáticos de aventura… Lo “disfrutable” era estar con amigos pero no veas el deporte que hacía: así evitaba las bajadas de golpe del fin de semana, salía, hacía deporte al aire libre, me despejaba, evitaba atracones y estaba con amigos.

    Te felicito también por ser consciente de la necesidad de disminuir presión en cuanto a alcanzar una determinada cifra que, al fin y al cabo, son dos números incapaces de medir nuestra felicidad. ¡Y mejórate de la gripe! Un abrazo,

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