Texto atracones

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15 mayo 2015

Ahora sí… ha llegado el calor


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¿Trompetas, fuegos artificiales, serpentinas, fanfarrias…? Ni de coña. Es más bien… “Buff, ahora sí… ha llegado el calor de verdad, ya no me escapo hasta octubre”. En Barcelona, eso sí, en otros sitios todavía disfrutáis del fresquito…

Le empiezo a pillar el gusto al veranillo... Lo he detestado durante la mayor parte de mi vida adulta, unos quince años. Podría decir que la causa era el trastorno por atracón, mi obesidad y los “daños colaterales” de ella que surgen con el calor. Y sí, es cierto, eso me martirizaba, pero no solo…

Ahora sin obesidad debería estar en el paraíso. Pues no, pero disfruto muchísimo más de esta temporada. Es simplemente cuestión de preferencias. Yo prefiero el frío al calor, igual que prefiero la mortadela al chopped. Son gustos.

Pero también es el saber enfocar el tema. Soy de letras pero me voy a echar un farol a ver si me explico bien y las cuentas cuadran:

Con 39 grados a la sombra…

Obesidad + actitud negativa = Era mi vida anterior. Un suplicio.
Obesidad + actitud positiva = el ideal de muchas personas que yo no viví y, lo que es peor, que no creí que existiera. Ahora sé que existe. Yo no lo conseguí.
Peso normal + actitud negativa = Una caquita. Igual de sufrimiento.
Peso normal (¡que no delgada!) + actitud positiva = Mi vida de ahora.
Cuerpo de pibonazo tonificado + actitud positiva = Mi sueño… :)

Pregunta de examen: ¿qué es lo que define que disfrutéis del verano o no? Si alguien me contesta “el cuerpo y peso que tengas” me doy de cabezazos ahora mismo contra el teclado… Lo que marca la diferencia entre un buen verano y un mal verano es LA ACTITUD.

Ahora bien… desde el verano pasado vi que circulaba mucho por Internet un cartelito (que ahora no he conseguido encontrar) que decía algo así como: “¿Qué necesitas para ir a la playa? Un biquini y una playa”. La idea era que no nos comiéramos la cabeza con otras superficialidades. Sí, sí… tan bonito como teórico. Ese cartel era de la saga de éste:
                                     
Lo siento, para mí estas cosas no valen nada. Son papel mojado o como digo muchas veces, “psicología a 1 €”. Queda súper bonito el leerlo ¿Y? ¿Qué más? ¿Ya está? De repente lees un cartel ¿y se solucionan todas las preocupaciones de tu vida? ¿O te levantas por la mañana y dices “Hoy me pongo la actitud y todo me va a salir genial”? ¿Y cómo te la pones? ¿Y qué actitud? ¿Siempre la misma o varía? ¿Y en qué consiste? ¿Cuánto dura? ¿Es mental? ¿Es física?... Y así podría seguir preguntando durante horas.

Si a alguien este tipo de frases motivadoras le ayudan, perfecto, ya ha encontrado una herramienta útil para su vida. A mí no me funcionan. A mí me sirven los consejos pragmáticos, factibles, que se puedan poner en práctica, cosas concretas que me ayuden… Y ése es mi estilo. Que nadie me diga “disfruta del verano” sino que me digan “prueba a llevar a cabo estos pensamientos y acciones concretas para disfrutar del verano”. Ahí sí que nos entenderemos.

Hay un fragmento de un cuento de Jorge Bucay que recuerdo a menudo por lo gracioso y que va en esta línea:

Situación base (común a los tres): Un tipo tiene encopresis (en buen romance: se caga encima). Consulta a su médico que, luego de exámenes e investigaciones, le recomienda (no habiendo encontrado base orgánica) consultar con un psicoterapeuta.

FINAL ALTERNATIVO UNO
(El terapeuta consultado fue un psicoanalista ortodoxo).

Cinco años después, el tipo se encuentra con un amigo:
—Che, ¿cómo te va con tu terapia?
—¡Bárbaro! –contesta el otro, eufórico.
— ¿Ya no te cagas encima?
— ¡Mira, cagar me sigo cagando, pero ahora ya sé por qué me cago!

FINAL ALTERNATIVO DOS
(El terapeuta consultado fue un conductista)

Cinco días después, el tipo se encuentra con un amigo:
—Che, ¿cómo te va con tu terapia?
—¡Bárbaro! –contesta el otro, eufórico.
— ¿Ya no te cagas encima?
—Mira, cagar me sigo cagando, pero ahora uso bombachitas de goma [calzoncillos de plástico].

FINAL ALTERNATIVO TRES
(El terapeuta consultado fue un gestáltico)

Cinco meses después, el tipo se encuentra con un amigo:
—Che, ¿cómo te va con tu terapia?
—¡Bárbaro! –contesta el otro, eufórico.
— ¿Ya no te cagas encima?
—¡Mira, cagar me sigo cagando, pero ahora no me importa!

A mí me da exactamente igual el porqué lo paso mal en verano (si es por inseguridad, por mi cuerpo, por miedo, por cuestiones físicas…) pero para que no me importe primero debo pasar por la opción práctica, o sea por los calzoncillos de plástico, por técnicas reales que me ayuden en el día a día.

Ejemplos:

- Problema: Rozaduras y eccemas. Actitud OK: polvos de talco, cremas, shorts, lo que se os ocurra… Actitud KO: ir todo el día en pantalones o dejar de hacer actividades al aire libre.

- Problema: todo el día sudando por el calor y la humedad. Actitud OK: coleta, ropa fresquita y abanico en mano. Actitud KO: quedarse en casa amorrada al aire acondicionado.

- Problema: Cuerpazo al aire libre en bañador o biquini. Actitud OK: disfrutar del sol calentando la piel, centrarse en destacar la parte del cuerpo que más te guste, dejar de compararse con el resto y centrarse en el momento presente de disfrute. Actitud KO: escoger la ropa para esconder y no porque te guste, salir menos de casa o retraerse en grupo.

Así que, todo este rollo para ir al meollo del post (que cada vez hago las introducciones más largas… mis lectores tenéis una paciencia de santo, lo juro).

Resumen: llega el verano, calor del copón, sudando todo el día, cambio de ropa de estación, una grande, otra pequeña, biquinis, bañadores, cremas y polvos de talco para rozaduras en muslos, brazos, piel al aire libre, faldas, vestidos… ¡y primer día de playa!

El primer día de playa siempre iba sola a mediados de junio o así y éste era mi plan para pasar el mal trago del primer día, coger confianza, ver que no pasaba nada, liberar miedos y poder disfrutar de ese momento de playa y de los siguientes sola o con amigos:

- Iba a una hora que no había mucha gente por la mañana para no sentirme rodeada ni agobiada.

- Llevaba biquini “por narices”, porque me gusta y no quería esconderme tras un bañador sólo porque me daba vergüenza ir en un dos piezas.

- Escogía una zona en la playa donde hubiera otra persona sola, para no sentirme incomoda rodeada de grupos de amigos.

- Ese primer día de playa mi mayor esfuerzo era no mirar el cuerpo de ninguna otra chica. Prohibición. ¿Por qué? Porque es muy difícil que la mujeres (normales y más las que hemos tenido o tienen un TCA) miremos sin comparar. Si sólo miráramos, no habría problema. Pero siempre comparamos en detrimento nuestro. Así que no miraba a ninguna mujer cercana: “Uy qué bañador tan chulo lleva esa…” ¡No! Mira a otro lado. Porque después de ese pensamiento vendrían otros: “a mí no me quedaría así”, “ella está más delgada”… y ya caemos en bucle.

- Siempre llevaba cosas para distraerme que realmente me apetecieran: el mp3 con música, una revista (noooo de moda ni belleza con modelos en biquini), pasatiempos, un libro ligerito…

- Y justo en la playa cuando podía empezar a sentirme incómoda o ansiosa desviaba la atención: me concentraba en lo que estaba leyendo o escuchando, en el sol sobre la piel, en la arena en los pies, o si el agua estaba fría o no al meterme… Es decir, alejaba la atención de lo que me inquietaba para no hacer más grande la obsesión y que me impidiera disfrutar del momento. Que es lo que nos suele pasar, cuando nos obcecamos en una preocupación o inseguridad, no vemos más allá, caemos en el agujero…


Los siguientes días de playa con amigos siempre son más fáciles, pero hay cosas que mantengo todo el verano:

- Intento no mirar a ninguna amiga cómo le queda la ropa de baño y cómo no, me obligo a despistarme con cualquier otra cosa.

- Disfruto del momento, del sol, de bañarme, de las risas…

- Ni mi cuerpo ni mis complejos van a cambiar en las siguientes tres horas. Lo que hay que ver ya se ha visto. Así que, en ese momento, quedan dos opciones: me quedo estiradita en la toalla sin moverme y aguantando la respiración o… salto, corro, me tiro al agua, nado, bromeo con mis amigos. Si hago esto último, no sólo me divierto el doble sino que encima me olvido de mi cuerpo, de si estoy rellenita o no, de si tengo flacidez. Es lo que tiene divertirse: que mientras te lo pasas bien, no lo pasas mal (pedazo deducción que ni Einstein…)

No os cuento todo esto por contar sino para que cojáis ideas y las pongáis en práctica. Si funcionan y os hacen sentir menos mal, perfecto. Y sino, seguid buscando otras alternativas para disfrutar del verano, porque de verdad que se puede.

No es sólo ir con la actitud adecuada, porque sí.
Se trata de identificar qué te hace sentir mal y bloquearlo o ignorarlo o hacer que pierda fuerza e intensidad… Se trata de centrarse en lo positivo y si no ves lo positivo no es que no exista, es que tu forma de pensar negativa es tan grande que tapa las cosas buenas. Pero están.

Tú creas tu propia actitud positiva con pensamientos, acciones y herramientas. Piensa, haz y usa lo que está a tu alcance. Eso es lo que realmente marca la diferencia.

Este año ya he tenido mis dos primeros baños de verano. Y una que ya se confía… pues ha pasado de ese primer día sola en la playa estudiado y planificado y se ha lanzado de cabeza sin pensar. Si es que la cabra (yo) tira al monte y cuando me da el impulso…

Hace un par de semanas fui de caminata por la costa catalana con un amigo… Amigo, aunque sí, yo confieso, me gustaría que fuera “amigo” pero no, él no está interesado (en mí)… Y cuando llevábamos ya caminados unos cuantos kilómetros pues decidí bañarme. Así que en menos de 120 segundos me pegué el primer baño de la temporada dinamitando por los aires complejos, obsesiones y miedos. Me quité la ropa delante de él con toda la pachorra, no iba en biquini, pero sí en bañador con un escote abierto hasta el ombligo (monísimo, de pedrería), me di media vuelta de camino al agua y me hubiera empezado a preocupar de que se me viera el culo gordo, la celulitis, la flacidez de los muslos, los rollitos de la espalda… sino fuera porque de tan fría que estaba el agua se me congelaron hasta las inseguridades. Disfruté como una enana de ese primer baño con el agua helada y tiritando mientras mi amigo seguía a buen recaudo en la arena. Y cuando tocó salir del agua, salía con una sonrisa de felicidad tan grande que se me olvidó mi aspecto físico o como me podía ver él o si le desagradaba o no.

Ése fue el primer baño, el segundo fue este domingo pasado. Situación: despedida de soltera de una amiga desde el sábado al mediodía, que acabó el domingo por la mañana frente al mar viendo amanecer. Con el sol saliendo, de fiesta, en tacones y sin biquini, me apetecía tanto bañarme que pesaron más las ganas de disfrutar de ese momento que lo que pudieran pensar mis amigas y conocidas de mi cuerpo. Porque sí, otra vez fui la única que me bañé en sujetador y con braga-faja (que llevaba bajo el vestido). Y valió la pena la experiencia.

Me he esforzado durante los últimos años para que mi cerebro no me impida disfrutar de las cosas buenas. Porque son tus pensamientos equivocados los que no te dejan, no tu cuerpo. No te digo que sea fácil, te digo que merece la pena.

Mirad, la salida del sol de este domingo a las 7 de la mañana. En serio, ¿os habríais resistido a bañaros y disfrutar de este momento sólo por vuestras inseguridades?


Yo no quise dejar que ganaran mis inseguridades...

Y como este momento nos hemos perdido un montón. Al menos intentemos no seguir desperdiciando los que están por venir...

4 comentarios:

  1. Genial y motivador, como siempre! Gracias! :)

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  2. Muchas gracias a ti por dedicarme tu tiempo a leerme y a comentarme :)

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  3. Me encanta la manera de transmitir lo que sientes con tus palabras porque casi he podido sentir esas sensaciones y tu estado de ánimo en ese primer bañito con el amigo. Y con el segundo baño me has hecho recordarme a mi misma en tiempos veinteañeros dándome chapuzones post-fiesta con la "tostá" aún en el cuerpo. Este verano me comprometo a uno de esos baños!!! Olé tú por disfrutar y autocontrolar las inseguridades en la playa. Reconozco que yo estoy quietecita en la toalla y rapidito me meto en el agua y que el verano, aunque tengo la suerte de pasarme julio y agosto de vacaciones, sigue jorobándome mucho seguramente por mi complexión gordil ... Ya di un gran paso hace años pasándome al bikini, que en su día bastante rara me sentí.
    Olé tú, otra vez!!!! Ya esperaba otra entrada "en candeletas"
    Besicoooos

    Marieta

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    1. Marieta,
      Esto va a notario, jajaj! Te has comprometido a un baño improvisado disfrutando del momento, ¡tienes que cumplir! :)

      Felicidades por pasar al bikini, ahora ya sabes que puedes escoger entre bañador y bikini solo por gusto o día sin otros condicionantes.

      La próxima vez que vayas a la playa yo que tú me pondría bien dentro, lejos de la orilla, así que cuando te fueras a bañar te tendrías que ir paseando un buen trozo. La primera vez lo pasarías fatal (como tooodas las primeras veces jeje) pero luego te dejaría de importar. Atrévete a lucirte. Ahí te lanzo un reto... ;)

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