Texto atracones

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19 junio 2015

A vueltas con mis miedos… otra vez



“Tus miedos a lo que pueda pasar siempre serán más
grandes que las realidades que ya están pasando.”

- By me, en un momento de inspiración o
tras cuatro cervezas, no me acuerdo… -


Sinceramente pienso que las cosas malas que nos pasan en la vida nos acaban curtiendo, nos hacen más duros, al menos a aquellos que no desfallecemos y nos levantamos después de haber recibido la ostia sea del tipo que sea (menos la del cura).

Cada vez más, con el paso de los años, me voy dando más cuenta de que mis problemas de fondo (derivaran o no en la comida, vinieran de donde vinieran…) se reducen a los miedos. Da igual lo que me pase, como escarbe un poco siempre acabo encontrando una razón original: “ah es que tenía miedo a…

Y los miedos, somos nosotros mismos quienes los alimentamos día tras día. No sé si recordáis este post, en el que os hablaba justamente de mis miedos más íntimos:





La cuestión es que hay cosas en las que tenemos cierto margen de maniobra. Quiero decir, ¿te asusta viajar sola cómo os contaba en mi post? Pues ya tardas en programarte un viaje; ¿te da miedo volar / las arañas / los payasos o un largo etc? Terapia y a plantarles cara. Pero, claro, ¿que haces con los miedos que no dependen de ti?

Es que tengo miedo a que insulten, me llamen gorda o que doy asco de lo fea que soy… “Oiga señor, que no es por molestar eh… pero ¿a usted le importaría insultarme? Así con mala educación, prejuicios, machismo y esas cosas… y así ya yo voy digiriendo el miedo a estas cosas… No, hombre no, más borde, va esfuércese, yo hago como que voy por la calle despistada y usted me lo empieza a gritar”. Pues… como que no, esto no va así. Hay miedos que cada uno podemos decidir el cuándo, dónde y el cómo nos enfrentamos a ellos y hay otros que tenemos que vivirlos. O todavía peor (al menos para mí)… aprender a vivir con ellos sin nunca enfrentarlos, porque realmente no existe esa opción.

Ejemplo: si yo tuviera pánico a los terremotos. Me parece más lógico racionalizar, evaluar en su justa medida mis temores y vivir una vida normal, que no pillarme un vuelo a Japón o a Chile y sentarme a esperar un terremoto para finalmente superar mi miedo. (San Google me ha informado de que ahí es donde hay más…). Porque te podrías pasar toda la vida con miedo a un terremoto y que nunca ocurriera.


Otro ejemplo, éste sí que es verídico. Hace unos meses en la visita con mi psicóloga.

Yo: Oye Cris que me acaban de llegar noticias de que puede ser que mi ex ya estuviera con su nueva churri mientras aún estaba conmigo. Eso significa… ¡que me han puesto los cuernos! ¡que llevo una cornamenta a juego con mis rizos! Qué chulo, ¿no? Me encanta.
Psico: Tú estás tonta…
[en el fondo sé que me tiene cariño]. A ver… ¿por qué es tan chulo?
Yo: Pues mira, siempre he tenido miedo a que mi novio me engañara con otra. Ahora que ya ha pasado, o pasó, ya sé lo que se siente y no me he muerto de sufrimiento, una experiencia más que he vivido, que me hace madurar, crecer como pers…
Psico: Qué cansina eres de verdad… A mí nunca me han puesto los cuernos y no necesito que me los pongan para saber que es desagradable, doloroso, y no lo necesito para vivir una nueva experiencia que me haga más fuerte. Tengo suerte de que no me los hayan puesto. ¿Alguna estupidez más que me quieras contar?



Ése es mi estilo. En mi ansia por enfrentarme a los miedos, algunos los busco (en plan barriobajera buscando pelea, a ver quién es más fuerte) y de otros me alegro (un poquitín, un poquitín, lo confieso) cuando me pasan (aunque sea con nocturnidad y alevosía PISTA Nº 2)  porque seguro que me curten en la vida, aunque me quede noqueada del golpe tan fuerte que me lleve.  Absurda que soy, ¿qué le vamos a hacer…?

Hace menos de 48h, el miércoles por la noche llego a casa a eso de las 22h, meto la llave en la cerradura y el bombín se cae al suelo (¿¿????!!). Consigo entrar en casa y lo primero que pienso: “Mierda, voy a flipar con el recibo de la luz este mes, que me he dejado las luces encendidas.” “Ah… no… que a lo mejor, quizás, tal vez… ¡coño! ¡¡¡que han entrado en mi casa!!!” Entre vosotras y yo y que no salga de aquí: se me escapó una carcajada. “Joder, que nunca me han robado, que es la primera vez…

Así que tal cual, bajé al vecino de abajo le pedí que me acompañara a mi piso, comprobé que sí, que estaba todo destrozado y revuelto, le mandé volver a bajar a su casa y yo bajé a la calle a llamar a la policía. Sí, estaba súper nerviosa pero de shock nada. Mi miedo en estas situaciones y, en cualquiera de las que me dan miedo, es quedarme en shock, no saber reaccionar y que la situación me supere o entrar en histerismos perdiendo la cabeza. “Ayyy que no puedo respirar, me muero… ¡ataque de ansiedad!” ¡Qué va! Me fumé un cigarro tranquilamente… (sí, el propósito del 2015 de dejar de fumar, ya lo sé…..), llamé a mi jefa para decirle que al día siguiente no iría a trabajar, llamé a mis padres para decirles que esa noche iría a dormir a su casa después de arreglar “un asuntillo”. Y esperé a que llegaran. Todo muy racional.

Y cuando ya entré al piso con los Mossos, pude ver un poco mejor que no habían dejado sitio sin resolver. Y sólo una cosa me llamó la atención: ¡mis diarios! Los diarios que hacía durante todo mi tratamiento de trastorno por atracón: abiertos, rotos, entre zapatos, ropa y cajas… ¡Uff qué rabia!!! Ahhh, ahora sí, la rabia es proporcional a la importancia y valor que les dé cada persona a las cosas.

Así que fui a dormir a casa de mis padres porque la policía no me dejó ni tocar nada en mi casa y no me podía quedar, porque la cerradura estaba mal. Y ayer estuve todo el día haciendo gestiones (y disfrutando un poquitirrinín de la experiencia, por lo novedoso).

      - Puse la denuncia por la mañana. Ya me había fijado en los Mossos que habían venido la noche anterior, pero en comisaría lo corroboré: no veas cómo están de buenorros algunos cuerpos del estado, ¿no? (no, no me escribáis para preguntarme a qué comisaria fui que no os lo digo… por cierto tengo que volver mañana a ampliar denuncia :) )

      - Por la tarde vino la policía científica a ver si encontraban huellas. Qué interesante me pareció el cómo las buscaban: haciendo mezclas de polvos (primero unos blancos y luego otros negros) sólo sobre superficies lisas y así encontraron algo. El chico (más majo él) me lo explicaba y todo: se ve que habían sido dos y uno llevaba guantes, me enseñó las huellas de ellos y el otro se había puesto calcetines en las manos para coger las cosas, por eso las marcas dejadas eran diferentes pero no había huellas. Se llevaron uno de los calcetines usados, eso sí, por si sonaba la flauta y encontraban ADN. Yo a todo esto flipando, lástima que nunca haya seguido la serie CSI. La de preguntas que les podría haber hecho.

Por cierto: el momento más embarazoso de todo el día fue precisamente con estos dos de la policía científica. Los Mossos que vinieron a levantar acta la noche del miércoles ya me dijeron que no tocara nada, ni ordenara, ni alterara el espacio, con lo cual estaba todo tal cual lo dejaron los dos ladrones. Y yo desde fuera de la habitación, pues veía todo revuelto: toda mi ropa interior, medias, calcetines, vestidos, zapatos, mis vestidos de cuando hacía bollywood, pulseras, colgantes, toda la joyería, colonias y potingues varios, sábanas, bolsas, libros, cosas de playa, cortinas, cremas… y entre todo el barullo sobresalía mi vibrador…

El poli entra en la habitación empieza a buscar superficies lisas donde pudieran haberse quedado huellas, mueve cosas, aparta otras, mira otras de cerca, coge el vibrador para examinar si sirve (¡no, no, por favor…!!!!), se lo acerca, mira bien, lo vuelve a dejar (¡¡¡uffff!!!), coge una tapa de una caja metálica y esta sí, la selecciona para echarle los polvos… los de análisis de huellas digo… Pero él muy profesional, yo como un pimiento morrón, pero él como quien lo hace todos los días (que oye igual sí, peores cosas habrá visto).

- Y luego vino un chico a cambiarme la cerradura. Pobrecico mío, si no tenía más de 25 años y llegó disculpándose: “De verdad que lo siento, que vengo con retraso, que sé que llevas todo el día con la puerta abierta, con el susto que debes llevar encima, de verdad que me ha sido imposible…”. Y yo tan pancha: “Tranquiiiiilo si he estado en el rellano tranquilamente sentada leyendo un libro. Mientras vinieras hoy, ¿qué más daba media hora arriba o abajo?

Shhh, secreto, esto es lo que leía. Lo había cogido de la biblioteca el día anterior y aún lo llevaba en el bolso. Me está gustando mucho, os lo recomiendo.

Y con todo finiquitado… polis macizos por aquí y por allá, una Mossa que me tomó declaración, súper maja, me contaba que estaba en plena operación bikini y con el chiquillo de la cerradura ya listo… pude volver a entrar a mi casa y tocarlo todo.

Fui directa a por mis diarios y los conseguí encontrar todos. Así que respiré de alivio…

Y con el resto de cosas pues sigo lidiando: este finde acabaré de organizar, ordenar y limpiar todo. Esta noche me costó dormir pero coñe ¡es normal! Pero ya está, una experiencia más. No la he buscado, ha aparecido y la verdad es que estoy sorprendida de cómo lo he llevado. También es verdad que lo que me han robado ha sido muy poco, algunas joyas de oro y poco más, porque es que no había más jajaj Pero es que el pánico, terror, temor, miedo que le tenía a una situación así, ahora veo que era desproporcionado. Era mucho peor que los monstruos en los armarios de los niños pequeños.

Y los supervivientes del “terremoto”: un anillo de ámbar verde que adoro y que me compré en Polonia cuando vivía allí y uno de mis diarios.

Es que si lo pienso… aunque me hubieran robado estas cositas, mi máxima preocupación hubiera sido lo que harían con los diarios, no el sentir que se han llevado algo mío. Es más la intrusión a mi espacio privado e íntimo que otra cosa. Y eso se supera. Desde luego no es algo por lo que haya que sufrir un miedo irracional, como el que yo tenía. Otra cosa sería que hubiera estado yo en casa que entonces habría sido más traumático. Bueno, ni lo voy a mencionar que es capaz de cumplirse. En abril os hablé de mi miedo a que me robaran y estamos en junio y tacatá; si ahora menciono un robo conmigo en casa la que se puede liar en otoño… Pero por si sirve… “diosito de los blogs quiero un novio”…

En cualquier caso cada vez lo tengo más claro. Por muy dura que sea la realidad y las cosas que nos pasen, mis miedos a hipotéticas situaciones siempre son más grandes y encima sin saber si ocurrirán o no. Qué desperdicio de energía… Tomo nota y voy aprendiendo…                       


2 comentarios:

  1. Madre mía, si es que eres mi heroina!! Vaya pu**da que te entren y super cabreo, susto y rabia consiguientes... y tu lo cuentas ahí, con toda la calma, sacando partido a la experiencia, incluso disfrutando en algunos momentos. Como ya te comenté alguna vez, es digna de admirar la serenidad que tienes delante de las cosas de la vida y el optimismo!! Yo soy de raza optimista también, y en las crisis me pongo muy nerviosa pero enseguida me centro y respondo bien a la presión, la verdad es que creo que ea una buena virtud. A veces ves a gente que como dices se paraliza ante el miedo o en situaciones así muy estresantes y jo, hacen sufrir. Pero vamos, no creo que si me entrasen lo viviera con esa serenidad! El cigarrito me lo fumaría también, pero en plan "pa calmar los nervios".
    Por cierto, digo yo que te acordarías de la zorra de tu ex-gata... anda que no te hubiese venido bien!!!! ;)
    Pd: esos diarios seguro que valen millones el día que te pongas a publicarlos!!!!

    Besitos guapaaa
    Maria la del queso "rocafort"

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  2. La verdad es que tienes toda la razón, yo no había ni llegado al planteamiento de que puede ser una virtud el actuar fríamente y racionalmente ante una situación así, estaba sólo sorprendida porque mi cabeza no hubiera reaccionao de otra manera. Así que gracias por haberme hecho darme cuenta,

    Hablando de gatas... ;) la que está traumatizada es la de mi vecina, que también le entraron en su casa y con la gata dentro :( sigue muerta de miedo la pobre...

    P.D. pues mira, a lo mejor me pienso lo de pasarme al queso rocafort, que esto ahí seguro que no pasa. (bah! pasa en todos el sitios jajaj)

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