Texto atracones

Texto atracones

02 agosto 2015

Cosas y personas decisivas en nuestra historia

Domingo 2 de agosto. Cuatro palabritas y dos de ellas peligrosas: domingo y agosto. Mala combinación... Ya desde por la mañana empiezo a dar vueltas por casa como un león enjaulado por ver cómo va a ir al día: ya estamos con la soledad otra vez, sin planes, propongo cosas a dos amigas para la tarde y no pueden o no están (aparece el sentimiento de rechazo.... shhh quita bicho que siempre me subes la ansiedad a tope), ¿salgo a la calle? buff con este calor..., acepto que la soledad es sólo un estado y no es para siempre (qué bonito suena entre semana pero no un domingo), pongo algo de música, fumo un cigarrillo y luego otro... (sí! mi propósito de 2015 pero no este mes), ¿a bailar? pero es que si la gente está fuera, está fuera para todo, consigo entretenerme echándome unas risas viendo unos vídeos en youtube de un comediante mexicano... ¿y ahora? Todavía toda la tarde por delante. Otra propuesta a una amiga, está fuera. Joder con la mierda de domingos... ¡Ya está! Me voy al cine a ver lo que sea. Y sé exactamente a qué cine quiero ir.


Google
Miro la cartelera en Internet, no la encuentro. (!?) Busco mejor... qué raro... hasta que encuentro una
noticia de hace un mes. El cine Lauren Universitat de Barcelona ha cerrado. Me he quedado en shock. Puede parecer algo absurdo, decenas de cines han cerrado en España, se cierran y se seguirán cerrando por culpa de la crisis. Pero éste no era un cine. Era mi cine. Me explico... no tenía acciones en él, pero este cine ha formado parte y muy importante de mi proceso de recuperación del trastorno por atracón.

Estaba al lado de mi casa de entonces y era un cine pequeñito, acogedor, sin butacas extremadamente cómodas (coñe si ni siquiera tenía el agujerito de posavasos) ni grandes extravagancias de los multicines. Pantalla normal, sonido normal. Un cine corriente y ordinario nada excepcional, sino fuera porque forma parte de mi historia. Por eso es (era) especial y es (era) el mejor para mí.


En este cine aprendí a ir sola a ver una película y el mundo no se hundía por eso.

En ese cine vi por primera vez una película sin comer palomitas a cantidades industriales. Era un reto de mi tratamiento: ir a un cine sin comerlas, así cada vez que fuera al cine desde entonces podría escoger si me apetecían o no, pero no ir al cine como excusa para hincharme a palomitas ni golosinas.

En ese cine vi películas que ni recuerdo porque cuando volvía a casa del trabajo, sin planes, sin nadie para quedar y con la idea en mente de llegar a mi habitación y darme un atracón, me obligaba a desviarme y compraba una entrada de cine para pasar las horas, distraerme y apartar de mi mente la idea de comer para calmar el vacío de mi ansiedad.

En ese cine vi la película Gordos y lloré de amargura y de dolor por sentirme reconocida. Os hablaba de esta peli en este post.

En ese cine lloré, reí, soñé, soñé muchísimo cada vez que veía una película y me imaginaba la vida que tendría cundo me recuperara de mi trastorno por atracón.

Me mudé de mi piso a otro barrio y aún así volvía de vez en cuando sobre todo los domingos para recordar las veces que había estado allí y lo había “usado” contra mi ansiedad.

Ese cine me descubrió que al lado había una tienda de ropa moderna y de tallas standard a la que yo nunca entraba hasta un día que me atreví... y descubrí que la ropa ya me cabía.

Recuerdo la primera vez que entré a tope de ansiedad, mirando a la gente alrededor, parejas o familias y aterrada porque pudieran pensar “¿qué hace esta chica sola yendo al cine un domingo por la tarde? Nadie la quiere”. Aprendí en ese cine a hacer desaparecer ese pensamiento tóxico y convertirlo en positivo.

En ese cine vi la película Los Miserables un 1 de enero de 2013, apenas un par de semanas antes de que me dieran el alta del centro de trastornos de alimentación donde me trataba.

Y volví dos semanas después, feliz porque ya me habían dado el alta y empezaba a caminar sola y a construir mi nueva vida. Y me iba al cine a celebrarlo.

A ese cine me metí a distraerme y ver una película cuando tuve mi primer “rollito” estando ya recuperada de mi trastorno y salió fatal (un desastre de relación como pocas) porque yo aún tenía que coger el hilo de nuevo de relacionarme con chicos después de una larga sequía “amoril” por culpa de mi trastorno.

Nunca fui con nadie a ver una película a ese cine, fui a otros. Porque ese era sólo mío.

Y ahora lo han cerrado...


He ido a otros cines sola pero no ha sido lo mismo. Ese cine vivió conmigo parte de mi trastorno y siguió ahí cuando ya pude caminar sola sin la ayuda de la comida. Y este post es una despedida porque me ha hecho pensar que las cosas o personas más importantes en mi vida a lo mejor no están ahí para siempre, de hecho algunas no han estado ni una hora.

Me explico...

   - Creo que lo había mencionado en una ocasión: yo estuve viviendo un año en Polonia. ¿Y sabéis cómo llegué allí? Pues porque un día haciendo las prácticas de la universidad llegó a la redacción una chica española que venía de Italia de estar viviendo allí y venía a saludar a sus antiguos compañeros. Nos presentaron (no recuerdo ni su nombre) y hablamos cinco minutos del proyecto europeo a través del cuál ella se había ido. Me dijo el nombre. Y nunca más volví a saber de ella. Pero gracias a ella, investigué, busqué ese proyecto, me apunté, me aceptaron, me fui a Polonia y viví un año excepcional que me hizo crecer como persona y formó parte de mi vida, por todo lo bueno y por todo lo malo que me pasó allí. Y nunca le pude dar ni las gracias a esa chica...

   - Estando en tratamiento por el trastorno por atracón un día vino al centro una chica que ya estaba recuperada y nos mostró a muchas “la línea de meta” de nuestro proceso: vivir sin estar condicionadas por la comida y sin atracones. Ella también se quedará en mi historia por todo lo que me inspiró y me motivó sin saberlo.

   - Y más reciente... este año me fui a Madrid de viaje sola, os lo contaba en este post. Y una noche salí a bailar con una conocida a una discoteca de salsa, bachata y kizomba de Madrid. Y allí conocí a una chica que me rompió los esquemas: era profesora de bachata, muy simpática, segura de sí misma, bailaba genial, los chicos se morían por bailar con ella. Y pesaba más de 90 kilos seguro. Y no sólo eso, sino que iba preciosa, con un vestido súper ajustado, cortísimo, dorado y orgullosa de sus caderas y de su barriga. Esta chica me marcó porque me “demostró” que yo ya no podía excusarme en mi peso cuando decía que yo jugaba con desventaja en el mundo del baile porque la delgadez (a veces extrema) es lo que prima. Ella era la prueba. Se ganaba la vida bailando, todo el mundo quería bailar con ella, no se cuestionaba cómo se sentirían los demás al tocarla (yo sí que lo sigo haciendo) y vestía de forma provocativa como las demás porque le daba la gana aunque no tuviera el mismo cuerpo que ellas. Y yo peso menos que ella... ¿entonces en qué me escudo ahora? Esa chica fue una lección para mí cuando apenas intercambiamos dos frases y no sé ni su nombre.

Todos tenemos claro las cosas y personas importantes en nuestra vida porque llevan ahí mucho tiempo y ojalá que duren mucho más pero también es bonito acordarse de esas otras que han pasado por nuestra vida como una estrella fugaz sin tiempo a nada pero que nos han marcado.

Y, de propina... A veces he tenido ansiedad y aún antes de decidir empezar a sacar estrategias para combatirla y que no derive en atracón, de repente, así sin avisar, de forma discreta, me ha sonado el móvil. Un mail... de alguien con nombre o sin él, dándome las gracias por este blog y por lo que cuento en él. Porque le sirve de inspiración, de ayuda y para no sentirse sola. ¿Ansiedad? ¿Dónde se ha ido? Ha desaparecido. Pero más que eso. ¿Sabéis lo que esos mails significas para mí? Son oro.

No pretendo miles de seguidores, con el centenar aproximado que tengo ya voy de sobra para contestar mails porque algunos los contesto más largos que una biblia. Pero sí que cada uno de esos mensajes anónimos o no me han ido marcando y también forman parte de mi historia porque siento (no lo pienso, lo siento muy dentro) que estoy ayudando a alguien que estaba donde yo estaba. Y además, el escribir aquí me ha permitido conocer a algunas personas valiosas que no sé si se quedarán en mi vida poco o mucho tiempo pero ya forman parte de mí.

Gracias. A las cosas y personas que se quedan, a las que se han ido y a las que vendrán, se queden o se vayan...

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4 comentarios:

  1. Por supuesto que nos ayudas. Muchísimo. Sigue escribiendo, por favor
    Un abrazo
    A

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  2. Hola, Meritxell. Padezco trastorno por atracón desde hace muchos años. En 2011 creí tenerlo todo bajo control. Pasé un año y 5 meses sin atracones, y perdí 57 kilos. Todo gracias a una terapia psicológica intensiva. El problema fue que de repente mi vida se puso patas arriba y todo mi esfuerzo se desvaneció. Me di el primer atracón en diciembre de 2012 y hasta hace 8 días no había conseguido mentalizarme de que tengo que acabar con este trastorno, esta enfermedad. Tanto tiempo dejándome llevar ha provocado que mi tolerancia a la frustración esté bajo mínimos. En fin... Que está tarde está siendo muy complicada y que la estoy superando gracias a tu testimonio. Yo también iba sola al cine para no comer. Tendré que recordarme a mí misma todas aquellas estrategias que tan bien me funcionaron. Muchas gracias por tu blog. Me has recordado lo que quiero para mi vida. De verdad, gracias. Laura

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    1. Laura,
      Muchas gracias por tu comentario y por compartir tus sentimientos conmigo porque sé que es duro. Míralo de esta manera: es muy frustrante tener que volver a recorrer el mismo camino por el que ya has pasado para recuperarte del trastorno por atracón (¡porque te recuperaste durante ese año largo!) pero también tienes algo buenísimo y que no tienen las personas que se empiezan a tratar por primera vez. Tú ya sabes que puedes, tú ya sabes que te recuperaste una vez, tú ya conoces todas las herramientas y las trampas y obstáculos que te encontrarás y sabes como sortearlas, tú sabes que vale la pena recuperarse y ganar en calidad de vida pero sobre todo tú sabes que tienes la fuerza dentro para conseguirlo porque eres la misma persona que lo consiguió una vez.

      ¿Recuerdas que estando en tratamiento seguro que tú también dudaste como yo de si éramos los suficientemente fuertes o de si lo conseguiríamos? Tú ya sabes la respuesta, lo hicimos. Así que vuelve a hacerlo. ¡Ánimo!
      P.D. Felicidades por los que ya deben ser 9 días sin atracones. Felicidades por tu lucha, lo vas a a volver a conseguir.

      Un abrazo fuerte

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