Texto atracones

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11 agosto 2015

¿Pero quién eres tú para juzgar mi cuerpo?


Tengo un dilema moral. Nada de vida o muerte pero llevo todo el día dándole vueltas al tema y he pasado por varias fases:

Mosqueo descomunal (¿¿¿pero cómo se atreve???)


Freepik
Rabia (¡si es que le metería la cámara de fotos por donde no ve el sol!)

Indignación lastimosa (¿pero quién es él para decidir sobre mi cuerpo? ¿Con qué autoridad?)

Alivio (pues menos mal que lo ha hecho porque sino…)

Y el sentimiento que prevalece todo el tiempo: vergüenza. Vergüenza, vergüenza, vergüenza.

¡Ah! Y encima me parece súper injusto tener que sentir vergüenza…

Os explico:

Como ya os he contado tropecientas mil y una veces, yo bailo salsa, bachata, kizomba y zouk (latinos pa’ resumir). Bueno, pues bien en todas las salas de baile a las que voy, en tooooodas, siempre hay un fotógrafo haciendo fotos de la sesión y de los bailarines que están en la pista. Obviamente, en movimiento, haciendo figuritas y el de turno con la cámara al lado pues no todo el mundo sale favorecido: que si piernas a lo Lina Morgan, que si papada (esa siempre soy yo), que si poses extrañas, que si cabezas desencajadas, despatarres de mi piernas, sudando a mares (también yo), despeinadas en mitad de un giro (ésa no soy yo, ventajas de los rizos)… bueno, luego siempre hay chicas que quedan ¡monísimas! pero ese ya es otro tema, que ya me vuelvo a ir por la parra como en cada post y éste lo quería hacer cortito.

Situación: el sábado pasado fui a bailar, tres horitas ahí dándolo todo y hoy martes se han publicado las fotos en Facebook de aquella noche. Miro las mías, me crítico de lo mal que salgo (para variar), luego intento ser más benevolente y no darme tanta caña… Peeeero en algún momento entre etiquetarme y comentar las fotos con los amigos con los que estaba bailando, me miro bien en una foto y pienso: “Uy, qué raro… salgo bien…”. Pero no sé, noto algo raro… Miro mejor, amplío la foto…. “¡Joder! ÉSE no es mi brazo”. Vale, hay veces que según el ángulo salimos mejor en las fotos o peor, pero es que ÉSE no era mi brazo, o al menos no todo él. El fotógrafo me lo ha photoshopeado antes de publicar la foto. La he mirado bien, la he remirado, es imposible que sea casualidad, la foto está retocada. ¡Me ha reducido el diámetro del brazo para que no se me vea la flacidez! Me he quedado… Avergonzada es una palabra que se queda corta.

Yo sé que tengo flacidez en brazos, estómago, muslos… la empecé a tener cuando había perdido 20 kilos, la seguí teniendo después de perder 30 kilos, con 40 kilos perdidos os lo podéis imaginar. Y, de aquí, de esta foto viene todo mi huracán de sentimientos…



A mi brazo le falta chichilla, flacidez… ¿vosotros creéis que este es mi brazo después de perder casi 50 kilos? Os digo yo que no. Pero, ¿a que voy bien depiladita?

¿Qué sentido tiene que yo decida dar importancia a otras cosas (como la comodidad o ponerme un vestido que me gusta) y me atreva a llevar tirantes si otra persona decide por mí que la flacidez que se me ve en los brazos no es aceptable para el resto de bailarines que ven las fotos y decide reducírmela?

¿Realmente era tan “asquerosa” la foto inicial sin retocar? Sí, esta es la palabra que me ha venido a la cabeza y sí sé que es muy dura (no os voy a photoshopear también mis pensamientos nos ha fastidiado…)

Yo conozco al fotógrafo (no somos amigos, nada más que saludarnos y comentar cosas triviales en broma). Y él es bajito (por eso en sus fotos siempre salgo con papada porque dispara desde más abajo el jodío), gordito, ya casi calvo… Pero yo jamás le he hecho ningún comentario de su físico pero él ha juzgado mi cuerpo sin preguntarme y lo ha “arreglado”. Me parece muy bien que trabaje con modelos cuando hace sesiones de fotos pero no es mi caso. Yo no pedí que me retocara, yo sólo estaba bailando felizmente (bueno y haciéndole ojitos al chico con el que bailaba… que estaba buenísimo… ;) pero no me distraigáis del tema, ¡coñe!)

Pero el caso es… que con todo esto yo puedo lidiar: la injusticia, la rabia, el mosqueo… pero en el fondo siento muy dentro de mí que “me ha hecho un favor”. La cabeza me dice que no tengo que pensar así, que yo no he pedido su opinión sobre mi cuerpo y que la única que tendría que prevalecer es mi opinión sobre mí misma. Y yo ya opiné. Yo dije: “sí, me pongo un vestido rojo sin mangas”, “sí, sé que tengo flacidez en los brazos”, “sí, sé que bailando estoy rodeada de sílfides”, “pero sí, sigo queriendo ponerme este puto vestido porque con él YO me veo bien, YO me veo sexy, YO me siento a gusto, YO quiero bailar así vestida y YO decido no ocultar mis brazos a pesar de no ser perfectos según los estándares de belleza actuales”. Por cierto, aprovecho para recomendaros la página de Facebook STOP Gordofobia por si le queréis echar un vistazo, las administradoras ofrecen una mirada muy lúcida, inteligente, cabal pero también guerrera y con las ideas muy claras (por suerte) sobre el tema de la gordura y de la opresión que sufrimos las mujeres persiguiendo un ideal de cuerpo femenino impuesto.

Ese sábado noche yo hice bien mi “trabajo” de quererme a mí misma. Pero esa foto me ha hecho dudar hoy…

¿Realmente es tan desagradable a la vista la foto sin retocar?

¿Realmente yo baso mi seguridad en mi cuerpo en algo que no es real?

Si la foto era tan “rechazable”, ¿por qué no mejor no publicarla? Es como al que no le gusta mi cuerpo y no me mira. Si no le gusta lo que sale de mí en la foto que él ha hecho, que no la publique o que la borre… pero que no me vuelva aceptable a la sociedad según ÚNICAMENTE sus valores y parámetros de belleza.

¿Y sabéis por qué os decía que sentía vergüenza? Pues sentía vergüenza de que alguien hubiera estado “trasteando” digitalmente mi cuerpo (ampliando, recortando…), vergüenza de lo que pudiera pensar de mí, vergüenza de que se la hubiera enseñado a otras personas… y ¡vergüenza de mí misma! Porque, en el fondo me avergüenza reconocer que es un mal menor y que si el fotógrafo no retoca esa foto y la publica tal cual yo habría estado días martirizándome a mí misma por culpa de mi cuerpo y mis brazos con flacidez. ¿Qué cómo lo sé? Por qué eso ya pasó… a principios de año. Misma sala, mismo fotógrafo y plaf foto…



Éste sí que es mi brazo. Y ese día no lo retocó. Esto es real, me molestó, me agobió… pero eyyy lo superé. Yo solita y sin que nadie me retocara.

Bueno, no he llegado a ninguna conclusión. Lo único que puedo hacer es olvidar el tema, esperar a que se me pase pronto, no mencionarle nada al fotógrafo cuando le vuelva a ver (me falta valor para preguntarle directamente o cuestionarle lo que ha hecho) y seguir intentando aceptar mi cuerpo como he hecho hasta ahora: con sus partes buenas y sus partes malas, con su lucha, y sus cicatrices de guerra.

Y creo que… sólo hay una forma de pasar página. La próxima vez que vuelva a esa sala a bailar, es mi obligación (ahora ya es por mi propia dignidad) volver a ir con tirantes. Si consciente o inconscientemente elijo llevar manga corta o larga le estaré dando a la razón al fotógrafo y no la tiene. Yo sé que no la tiene.

4 comentarios:

  1. Vaya tela marinera con el fotógrafo!!! Pues creo que estás en tu derecho de pedirle explicaciones, es tu cuerpo!!! Incluso estarías en tu derecho de prohibirle sacarte en el face... derechos de imagen. Lo de retocar la foto me indignaría a mi también. Ojo, que si se lo pido guai, pero si no... quien leche le manda trastearte el brazo!!! Igual pensaba que te hacía un favor! Hemos llegado a un punto que el photoshop ya es un must have más, y ni se plantean el dilema moral que supone usarlo y que finalmente solo sirve para crear una sociedad irreal que provoca complejos e incluso enfermedades. Y te tengo que decir que lo que se ve, con y sin photoshop es espectacular!!! So guapa!!

    Maria

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    Respuestas
    1. Si en mi derecho sí que estoy jejeje sólo que padezco "mieditis-verguencitis aguditis" de reclamarle nada jajajaj Pero tienes toooda la razón del mundo!
      Supongo que este semana dejarás el roquefort un ratito para visitar mi barrio, no? ;) jajajaj
      Un besote guapa

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    2. Jaja que vaaa, llevo en el pueblo desde la primera semana de agosto... soy como las naranjas (seguimos con las alusiones alimentarias), valenciana!!! Estuve una vez solo y la verdad es que ponen las calles preciosísimas!!!!
      Contra la vergüencitis siempre puedes usar la broma, decir las cosas en coña, pero ya las has soltao.
      Muchos besitos guapa!!!

      Maria

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    3. Mmmm Valencia.... paella!!! jajaj ¿Sabes? A mí me parece una cualidad buenísima esa de poder hablar de los temas más serios pero siempre con una sonrisa o con tono de broma pero dejando el mensaje claro. ¡Toooda mi admiración por ti! Algún día yo también aprenderé a dejar de ladrar cuando diga las cosas ;) jajaj

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