Texto atracones

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06 mayo 2016

The famous…. ¡Zona de confort!

Hace muuuucho, muuuucho, muuucho tiempo (bueno, no tanto)… como algo más de 4 meses… justo en la noche de fin de año os conté todos los rituales que hacía para atraer la buena suerte: ropa interior roja, anillo de oro en la copa, ventanas abiertas, empezar el año con el pie derecho… y colocar una maleta en la puerta para favorecer los viajes durante el año. Pues bien, yo no sé qué ha pasado este año que se ha juntado que es el mío (os lo contaba aquí) con que algún conjuro de estos se ha salido de madre. ¡Para bien!

En concreto el de los viajes… no me preguntéis cómo pero el caso es que en tres meses y poco mi pasaporte lleva los sellos (¡no materiales!) de las Fallas, Tarragona, la Cerdaña francesa, Valencia, Londres y Marrakech. Contenta no, lo siguiente… aunque claro también aumentan el número de inseguridades y miedos ante cada nueva situación.

El último viaje del que he vuelto ha sido Londres, una especie de auto-regalo de cumpleaños porque no conocía esa ciudad y tenía una amiga allí que hacía años que no veía. La idea era ir a Londres sola y, luego, pasar todo el tiempo que pudiera (que no era mucho) con esta amiga cuando ella no estuviera trabajando. El resumen es que me lo he pasado muy bien, ha sido chulo… ¡y hay algo que siempre recordaré que pasó allí! Ya estará asociado a mí de por vida. ¿Qué si os lo cuento? ¡Por supuestísimo!

Veréis, el tiempo que estuve allí, durante el día hacía el guiri sola por la ciudad y algunas tardes quedé con esta amiga para ponernos al día de nuestras vidas, echarnos unas risas, beber cerveza y todo eso… Todo controladísimo: miedos, inseguridades, comida… Todo en orden, porque el nivel de disfrute era mayor que el desasosiego que sentía. Incluso cuando visité Camden Market (para quien no haya estado, el súmmum de la ropa cool europea en plan mercadillo bien colocadito) y vi que no había ropa que me cupiera me lo tomé con filosofía. A ver… claro que había ropa de mi talla: camisetas, vestiditos, pantalones… pero es que yo me encaprichaba de vestidos entallados muy pin up, corpiños, camisetas súper ajustadas… de los puestos más originales y atípicos. Y no es que sólo no hubiera mi talla, es que sólo las hacían en versión S y M. Ya os digo, ningún problema ni comeduras de cabeza.

Bueno, que si empiezo a hablar de ropa me lío y pierdo el hilo del asunto…

Pues la suerte (o no-suerte, según como se mire…) quiso que un día me encontrara en Facebook un mensaje de un conocido de hace tiempo del mundo de la salsa que me decía que estaba viviendo en Londres desde hacía un par de meses y que se había enterado que estaba de vacaciones y ¿que por qué no quedábamos? ¡Pues hombre claro! "Me viene de perlas para estar menos tiempo sola por aquí cuando mi amiga no sale", pensé. Me quise hacer la listilla (a ver si aprendo que esto nunca me sale bien) y muy segura de mí misma le dije que había pensado ir SOLA a un club de salsa a la ciudad para que ver qué tal el nivel de los ingleses (cursillo acelerado de prepotencia recién aprobado) y pegarme unos bailes y que por qué no se apuntaba… ¡vamos, como si yo le estuviera haciendo una favor, nos ha jodío! Este chico súper majo me dijo que sí, así que, adelante, quedamos una noche para ir a bailar salsa. Y yo feliz como unas castañuelas porque sola no habría ido ni de coña aunque me apetecería una barbaridad.

Llega la famosa noche… quedamos a las 20.30h… llego a la entrada del pub… mi amigo no ha llegado… le escribo… me contesta que ha tenido un contratiempo y que llega a las 21h… ¡Me-cagüen-todo-lo-que-se-menea-del-copón! Empieza a oler ya la caquita que me estoy haciendo… Respiro, relax… no pasa nada… y pienso (creo que fue el último momento en el que mi pensamiento fue coherente): "Vamos a ver, ¡no pasa nada! Es tontería quedarse en la puerta lloviendo, entro, voy directa a la barra ¡ahí con seguridad y sacando pecho!, me pido una cerveza y espero tan ricamente en la barra bebiendo hasta que mi amigo llegue a las 9h. Hasta voy a ser como la protagonista seductora y súper segura de sí misma de una película". Sí, sí… ¡los cojones!

Plan en marcha, entro en el bar y… ¡¡¡mierda!!! Os juro que la gente de dentro olía mi miedo… Voy a la barra y no había taburetes para sentarse porque… nadie bebía en la barra, sino que cogía la bebida y se sentaba en una mesa. ¡Fantástico! ¡Relax! Pido mi cerveza… me ponen medio litro, bueno, venga, vale, así tardo más en beberla y me entretengo… y con la cabeza alta, las tetas fuera (¡¡¡erguida!!! no me las saqué no…) y la cerveza en la mano, casi temblando, voy caminando por el bar a no sé qué, mientras no para de sonar reggaetón… Oteando, buscando un sitio libre donde sentarme y me convirtiera en invisible por arte de magia o buscando a saber qué… Os juro que no eran imaginaciones mías: todo el mundo estaba sentado en mesas en pareja o con grupos de amigos y algunos (mentira, ¡muchos!) levantaban la vista, me miraban (las tías, me miraban de arriba abajo descaradamente las muuuuy putas, lo siento lo tenía que decir) y lo llevaban escrito en las caras y los gestos aún sin decir nada: “¿qué coño hace esta tía sola aquí?”. Y aquí la menda con cara de póker (que se piensa que lleva una sonrisa tranquila pero que más parece una mueca de estreñida) mirando alrededor, nerviosa: "¿Pero qué cojones hago? ¿Hacia dónde me dirijo? ¿Qué busco? Joder, estoy empezando a sudar de los nervios."

De repente… ¡salvada! Veo una puerta al fondo que da a una terraza y para allí que voy directa. Y al traspasar la puerta… un paisaje todavía más desolador. Ocho mesas en la terraza: seis con grupos de amigos, una con una parejita y… ¡una sin nadie! Para allí que voy directa con mi cerveza taconeando sobre el suelo adoquinado y sí, para las más avispadas, di un medio traspié, pero seguí caminando toda digna. Tenía que pasar, es de manual: tacones + adoquines = ¡Fuck!

Me siento, bebo un trago de cerveza, respiro… a ver si el oxígeno me llega bien al cerebro ante tantos nervios, inseguridades, ansiedades y empiezo a mirar alrededor. ¡Me estaban mirando en plan descarado! ¡Hijos de su puñetera madre! Al menos hay que reconocer que cuando les pillaba y era yo la que no desviaba la mirada con cara de mala ostia, ellos sí que la apartaban, pero de vez en cuando veía que volvían a mirar. ¡Joder! Eso toca la fibra a cualquiera… y si ya encima vas nerviosa e insegura pues… ¿Qué es? La cabeza a mil: ¿me miran porque estoy sola, porque no estoy tan delgada como ellas, por fea…? ¿Se me está yendo la cabeza ya de mil suposiciones y ninguna positiva?

Media hora después yo seguía sentadita sola en esa mesa enorme para seis personas, bajo el chiribiri ese de lluvia, con mi cerveza, fingiendo que pasar el rato sola rodeada de decenas de personas en compañía es mi hobby de los domingos noche, con ganas de ir a hacer pis y acordándome de la familia entera de mi amigo y de toda la puñetera saga de reyes de Buckingham Palace cada vez que veía que pillaba a algunos mirándome, y sí, en dos ocasiones de un grupo de chicas la ecuación fue miradas + cotilleos al oído. Que oye que podrían haber estado hablando de las crisis en Crimea, pero a mí me estaban metiendo el dedo en la llaga de las inseguridades.

Las 21.10h (encima se retrasa), 21.15h (le mato), 21.20h (quiero llorar), 21.25h SMS: "¿pero dónde estás?"  Respuesta…

                             

Tocada y hundida. Tierra trágame y ya cavaré yo un túnel de vuelta a Barcelona…

- Flash forward: En defensa de este chico diré que la excusa era buena: drama familiar. Me lo explicó todo al día siguiente cuando fuimos a cenar (pagó él la cena para compensarme, ¡hombre, por supuesto que se lo permití!) Pero volvamos a la escena del drama donde lo dejamos…-

1er pensamiento: que no me gusta que me llamen Meri, ¡joder!
2º: ¿pero para qué pagas 3 SMS en algo que me puedes decir en uno?
3º: Oh, oh… ¿y ahora qué coño hago?
4º Tú sigue bebiendo cerveza que aún queda y escribe a una amiga para matar el tiempo. Una vez se te acabe la cerveza, te levantas toda digna y te largas… ¡no corras, que llamarás más la atención! Sal tranquila, pero cooooooorre al metro y no mires atrás, correeeeeeee al hotel y directa a esconderte bajo las sábanas. Y reza, ¡reza! para no encontrarte un súper 24h abierto… porque ahí tendremos un problema y gordo de toma de decisiones.

En esas que se sienta un chico en el banco opuesto de mi misma mesa a hablar con alguien por el móvil.

Mientras tanto yo… pidiendo auxilio-camuflado a una amiga en la patria que me vio nacer:

                             

Y luego en cuestión de minutos todo fue muy rápido, llevaba ya más de una hora con la ansiedad por las nubes, se me acabó la cerveza… y en el momento de levantar el culo del banco para irme, tal como tenía planeado, mi mente se plantó y dijo NO. De repente llegué al límite de la ansiedad, ahora sí que me temblaban las manos y por mi mente pasaron miles de pensamientos inconexos que no me daba tiempo a analizar, sin orden, todos revueltos, rápidos, velocísimos: mi zona de confort, todos me miran, por qué me tiene que pasar esto, todos son mejores que yo, ellos no son mejores que yo, quiero bailar, no estoy haciendo nada malo por estar sola, no tengo por qué avergonzarme, tengo derecho a estar aquí, tengo derecho a estar sola sin que me juzguen, sí me han dejado plantada, por dios que no puede ser tan difícil hablar con alguien, morirse es grave esto no, ¡joder, deja de pensar y arriésgate, idiota!, total aquí nadie te conoce, ¿qué más te da lo que piensen de ti si en dos días te vas de este país?, millones de personas cada día hablan con desconocidos y no se les cae a cachos la lengua, a lo sumo la vergüenza y el miedo....

Miro alrededor, el chico de mi mesa sentado medio de lado ya no está hablando por el móvil pero sí con el whatsapp y me lanzo de cabeza a la piscina, sin pensar más…

     Yo: hola... (con voz estrangulada)
     Él: …….. (ni se gira porque no me oye)

(Vaaaaaa, ánimo, ya está lo peor, ¡inténtalo otra vez!)

     Yo: HOLA (ahí me he pasado)
     Él: Hola

(¡Ya está! Vengaaaa, ¡sigue!)

     Yo: Emmmm... ¿hablas castellano? (muy bien Meritxell, te quedaste en la época del "¿Estudias o trabajas?", ¿no? ¡Dios! qué poco ocurrente)
     Él: (sigue con el móvil en la mano)

(¡Joder! Por Dios, relájate!!!!!!!!)

     Yo: Perdona, una preguntita… ¿vienes a menudo por aquí? (nah ni te molestes en contestar, que ya sigo hablando yo) es que llevo un rato largo aquí sentada y no paran de poner reggaetón (le hago una mueca de asquete y consigo sacarle una sonrisa) y me habían dicho que aquí ponían buena salsa, entonces no sé si quedarme o no, porque yo venía a bailar (no a ligar, te lo dejo claro).

Y, en ese momento, ¡lo vi! Fue sólo un segundo pero fue una revelación como a cámara lenta: dejó el móvil encima de la mesa, se giró hacia mí, me miró a la cara y me contestó… me estaba diciendo con su cuerpo “Sí, te voy a dar conversación”.

     Él: Ya, es que el reggaetón es para que los ingleses se froten un poco jajajja pero la salsa buena la ponen a las 10h y es cuando llegamos todos los que bailamos….
     Yo: Pues qué alivio, porque estaba a punto de irme… pero siendo así me espero un ratito más, ¿no?.
     Él: Sí, sí, quédate que ahora ya llega un DJ que pincha muy bien: salsa cubana, son, guaguancó… ¿y tú también bailas? ¿De dónde eres?

¡SÍ!!!! ¡¡¡CONSEGUIDO!!!! En algún momento de la conversación todo empezó a fluir, respiré hondo y me relajé…. ¡y acabó siendo una noche grandiosa!

Efectivamente, a las 22h llegó el DJ, el ambiente cambió, empezó a sonar salsa, yo misma saqué a bailar a este chico, luego llegó su amiga-rollete, me la presentó, charlamos un rato… ¡y no paré de bailar en toda la noche! Me sacaban chicos, yo sacaba a otros, di conversación a un par que vi predispuestos: salsa, bachata, merengue… lo bailé todo. Me puse a debatir con un inglés de 70 años las diferencias entre salsa cubana y salsa en línea en Londres y en Barcelona, me escaqueé de un cubano de metro y medio que ponía las manos donde no debía, me bebí otra cerveza, me reí sin parar con el chico de la mesa y su amiga, la señorita “somos-ex-pero-no-nos-volveremos-a-liar”. Ya, claro…. Disfruté taaaaanto.

Finalmente, sí que me tuve que ir corriendo del bar pero porque, si no corría, perdía el último metro a mi hotel. Llegué a coger el metro por los pelos pero llegué y aún tenía que hacer un transbordo… al que también llegué corriendo por los pasillos y justita de tiempo pero aún me sobraron unos segundos para hacer una foto a este anuncio del andén antes de que llegara mi último metro. Y todo con una sonrisa de felicidad en mi cara.
Verdad, verdadera...

Seguro que muchos habéis oído hablar de la zona de confort y, si no lo habéis hecho, existen miles de artículos en internet escritos por psicólogos que os lo explicarán en detalle muy bien. Básicamente es esto:

                  

Y lo que he querido compartir con vosotros en este post no ha sido ni mi zona de confort, ni mi espacio fuera de la zona de confort sino el salto intermedio: ese espacio en el aire, ese momento de pánico, de vibración, de estómago contraído, nervios, sudor, ansiedad… ese momento en el que te la has jugado y aún no sabes si volarás o te estamparás contra el suelo… en definitiva, ese momento de vida.



En el avión, ya de vuelta a Barcelona, pensé en ello y me di cuenta de que, en esta ocasión… había salido fuera de mi zona de confort y había volado.

¿Aprendí que cuando me arriesgo tengo éxito? ¡NO! Aprendí que si me arriesgo puedo tener éxito o no; si no me arriesgo, seguro que no lo tengo. Esto último sí es una certeza.




Bonus: yo no creo mucho en karmas, ni destinos ni coincidencias ni todo eso… pero si vais a Londres, aquí os cito “mi lugar”: Stables market en Camden.

- Ahí están las tiendas-mercadillo para mí más espectaculares y originales de todo Camden Market. No hay de mi talla pero da igual siguen siendo excepcionales…
- Ahí está The Cuban, el bar protagonista de este post.
- Ahí hacen la mejor comida que probé en esos días y sana (si uno quiere), donde comí un delicioso plato típico filipino compuesto de arroz basmati especiado con pollo, soja y verduras.
- Y realmente el sitio en sí es muy original, son unos establos para caballos, reconvertidos, desde hace casi dos siglos.

6 comentarios:

  1. Guau Meritxell (nota mental, no llamarla nunca Meri)!! Qué nochecita, hija!! Olé tus ovarios!! Pero ya no por quedarte a pesar de los miedos y atreverte a hablar con el de la mesa. El hecho de ir sola a un pub y en otro pais ya es de valiente number 1!!! También te lo digo, me has dejado muerta con las miradas de la gente, pues si que son raritos en Londres! La sensación de poder y satisfacción al haber salido de tu zona de confort debió ser brutal. Estoy orgullosa de ti (una cosa que se dice poco y que tantos hemos necesitado de bien peques). El próximo finde voy a Londres también, jate tú qué casualidad, visitaré Candem aunque no quepa en ninguna prenda jaja. Muchos besitos y repeat: ole tú!!!!!

    Maria

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    1. Mari-roqui!!! este finde vuelvo pa' tu tierra, pero tenía en mente escribirte un mail a la vuelta contándote cosillas de allí, ¡¡¡no me olvido!!! Ya verás que te gusta! Y no hace nada de calor :) :) :) :) más bien fresquete jajajaj
      No, no, si tallas había pero no de las cosas más sexys y extravagantes jajajaj Muuuuuak

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  2. Hola Meri (...es broooma). Acabo de leer tu entrada y me he reído muchísimo, en el buen sentido, claro. Lo cuentas todo de una manera muy cómica y, al mismo tiempo, se percibe que verdaderamente pasaste un mal rato. Es muy Woody Allen pero con tus miedos en lugar de sus neuras, por decirlo de alguna manera. Me sorprende mucho, porque a mí en esa situación me daría todo bastante igual, especialmente en un sitio donde eres anónima. Pero claro, cada uno tenemos nuestras propias inseguridades. Te felicito por haber salido de tu zona de confort. Es más, te animo a que sigas haciéndolo siempre que puedas y poco a poco. La recompensa tú misma la has vivido. No obstante, sospecho que todas esas miradas de las muy putas y demás, no eran tanto y tu mente, por estar insegura, las magnificaba. Creo que podrías trabajar más la seguridad en ti misma, y viajar sola es genial. Descubrí tu blog hace tiempo y ya comenté (cosa de un año o así). He vuelto a ver cómo estabas, y lo repito: me he reído mucho, me ha encantado tu entrada. A seguir viajando y disfrutando de la vida. Voy a guardar tu dirección para pasar más por aquí. Besos!

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    1. Hola! Bienvenido de nuevo! Y muchas gracias por tus palabras. De verdad que envidio (pero muuucho) el pragmatismo de los hombres para algunas cosas, porque en verdad tienes toda la razón del mundo: seguramente yo lo magnificaba y no era consciente de ello ni tampoco me daba cuenta de la ventaja de ser "anónima". Sólo puedo entonar el mea culpa por mi "sufrimiento mentalmente autoinfligido" jajajaj pero en mi defensa diré que esto es lento pero ha ido mejorando con los años jjajaja

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  3. Hola Meritxell, soy el anónimo que acaba de enviar un comentario que aún no has validado. He intentado buscar en tu blog mis comentarios anteriores para que me ubiques (si así quieres). Comenté tanto el 3 como el 30 de abril del año pasado, y es gracioso (o trágico) porque sigo con la misma batalla: llegué varias veces a bajar de 85 pero vuelvo a estar en 92+, por cuestiones de ansiedad sobre todo. Mi trabajo es de arquitecto y es malo para la salud, de veras, jajaja. Decirte que lamento no haber seguido más este blog, pues se ve que lo escribes con el corazón, y además he visto que me recomendaste un libro que no leí, pero "nunca es tarde...". Me encanta tu sinceridad, me quedaré por aquí, ya verás. Sigue siendo tan auténtica, que hoy en día es poco frecuente. Un beso, Meri!!

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    1. Muchas gracias de verdad por tus palabras, me han emocionado mucho. De hecho, hasta el punto de que han refrenado la bronca que te iba a echar por llamarme Meri jajajaj (¡es una marca de fregonas y eso no se puede tolerar, jajaj)

      Bueno, en mi opinión... tu peso en sí no es un hecho ni gracioso ni trágico en sí mismo, es el cómo tu lo vivas. Y sí, me lo creo que tu trabajo sea una fuente ansiedad pero chico cómo no te vayas a trabajar de arquitecto a un país caribeño, el estrés (lamentablemente) va a estar...

      En cualquier caso, me alegro de que estés de vuelta y gracias, mil gracias por tu tiempo en leerme y en escribirme. Un abrazo

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