Texto atracones

Texto atracones

23 junio 2016

"Yo no puedo"


Sólo tres palabras que pueden provocar miles de emociones. Y todas negativas.

Cada vez que decimos o nos decimos a nosotras mismas sin darnos cuenta “Yo no puedo” (un ángel pierde sus alas, que también…) nos estamos cargando en nuestra mochila multitud de sentimientos y emociones destructivas que luego atesoramos y nos negamos inconscientemente a soltar: decepción, frustración, autofustigación, fracaso, desilusión, desesperanza, culpabilidad…

¿Qué a ti estas palabras no te suenan? Pues una de dos: o te felicito porque estés por encima de ellas y las sepas gestionar, o… te estás engañando.

Pero si el “Yo no puedo” ya de por sí es demoledor, ni os cuento cuando empezamos a jugar con los tiempo verbales…

Estas tres fases-tipo explícitas han resonado en mi cabeza y han salido por mi boca durante mucho tiempo. Y no hace falta que estén juntitas, por separado también han campado a sus anchas por dónde querían, cuándo querían y todo el tiempo que querían.

Yo no puedo hacerlo
Yo nunca he podido hacerlo 
Yo jamás podré hacerlo

Y sé que no soy la única porque leo y oigo las mismas palabras cuando se refiere a la gestión de los trastornos por atracón: “Es que no puedo hacerlo”, “es que nunca he podido”… Y la última suele abundar sobre todo cuando hay un alto grado de desesperación y/o cansancio mental ¡y físico! después de estar varios años luchando: “es que ya veo que yo jamás podré”.

El problema de estas tres frasecitas no es sólo lo que dicen, sino todo lo que esconden. Llevan implícitos los siguientes mensajes que nuestro cerebro se acaba creyendo de tanto repetirlos:

No soy capaz / No tengo lo que se necesita / no soy lo suficientemente buena para conseguirlo / soy un fracaso / nunca consigo nada / siempre fallo… y un laaaaaaaaaaaaaaaargo etcétera de frases parecidas.

Por mi experiencia, sobre todo en el tema de atracones, en ocasiones me he encontrado con personas (amigos, familiares, mi entorno social…) y con algún que otro psicólogo / nutricionista / endocrino (por suerte pocos y dejé pronto de ir a ellos) que estaban más que dispuestos a hacerme cambiar de opinión (¡ja! ilusos) utilizando la técnica bautizada por mí como “diálogo besuguil de repetición”:

Yo: No puedo hacer esto
No-yo: Que sí que puedes, mujer.
Yo: No, que nunca he podido.
No-yo: es que eres tozuda
Yo: Que no, que no puedo
No-yo: que sí puedes
Yo: Que no puedo, lo sabré yo que me conozco
No-yo: que sí que puedes
Yo: Llevo años sin poder
No-yo: pero seguro que puedes, inténtalo
Yo: ¿y por qué crees que puedo?
No-yo: ……………..
Yo: ¿qué te hace pensar qué puedo? ¿me conoces tanto? (a la yugular directamente) hay personas con capacidades y otras que no, hay gente que puede y gente que no y yo no puedo.
No-yo: bueno… yo… creo… que… puedes…
Yo: ¿Por qué lo crees? Llevo años sin poder y en el presente aún no puedo… ¿me lo explicas? Dame argumentos convincentes aplicados a mi persona que realmente expliquen que yo sí que puedo y no me vendas frases de Paulo Coelho positivas y a-tope-full-de-energía-y-optimismo.
No-yo: bueno, vale, pues no puedes, cojones…

Ala, jaque mate.

Pero es que resulta que esta forma de pensar ¡y de ser! (soy Tauro con ascendente Leo por aquello de echarle la culpa a alguien de lo tozuda que soy) me dura poco. Y no es que yo lo diga, es que si echo la vista atrás me doy cuenta de que por tantas veces que he dicho “No puedo”, otras tantas he movido el culo para poder. ¡No al momento! Ni de coña… con algunas cosas he tardado poco y con otras más años. El ejemplo más claro: años y años de atracones con el “no puedo salir de esto” en mente peeeero todavía con la esperanza y por lo tanto buscando caminos: dietistas, nutricionistas, endocrinos, psicólogos, centros… hasta que llegué al final del camino y pude. En un mundo paralelo yo habría dicho “no puedo” y fin de la historia, asumo mi vida de esta manera de aquí en adelante hasta que llegue a la meta, el R.I.P.

Y ésta es una de las cosas de las que, os confieso, me siento verdaderamente orgullosa y es que agoto todas las posibilidades para PODER, incluso a veces forzando al límite o tirando de imaginación.

Así que mi propuesta en este post es deciros que… ¡¡¡SÍ PODÉIS!!!


Esperad…..

¿En serio os creéis que os voy a decir eso…? ¿No me conocéis ya un poquito? ¿No acabáis de leer el diálogo besuguil…? No me van las frases hechas de psicología a 2 € así que no os las voy a decir. A quien le funcionen adelante… San Google es un proveedor excelente e infinito para ello.

Mi propuesta en este post (ahora es la buena) es deciros que sustituyáis el “Yo no puedo” y sus conjugaciones gemelas por “No sé cómo hacerlo, así que busco la manera de saber hacerlo”. No impacta tanto como la otra eh… pero ¡sorpresa! es más real.

E igual de reales pero mucho más enriquecedoras mentalmente y positivas son las siguientes variantes:

No puedo hacerlo… aún
No puedo hacerlo es tajante. Punto y final. No puedo hacerlo aún está lleno de esperanza, es un punto y seguido. La historia continúa.

Nunca he podido… pero a lo mejor ahora puedo (o en el futuro)
Yo no voy a discutir si alguien no ha podido antes pero voy a discutir hasta la saciedad alguien que me diga que no podrá, porque eso es el futuro y aún no lo ha probado.

Yo no puedo… sola
Pues mira que bien porque en la misma frase has encontrado el problema y la solución.

Yo no he podido… hoy
Mañana será otro día… ¡cómo adoro a Scarlett O’Hara!

Yo no puedo… haciéndolo de esta manera
Pues blanco y en botella, si de esta manera no se puede, a buscar la manera en la que sí se pueda.

Yo no puedo… pero es que tampoco quiero.
¿Realmente queremos aquello por lo que luchamos?

Reconozco que éste último me ha pasado en ocasiones a mí.

Situación hace pocos meses: de senderismo por la montaña con amigos: algunos trepando al punto más alto donde había una ermita, otros se quedaban abajo a esperar. ¿Yo qué hice? Trepar hacia arriba con este pensamiento en mente “¿cómo que no puedo aunque pese más que ellos? Claro que puedo. Ya verás tú…” ¿Me apetecía? Luego reflexioné y reconocí que no. Hubiera preferido disfrutar del solecito abajo con otros, hasta que el resto bajara.


Sinceramente creo que tras el “Yo no puedo” se esconden varios problemas:

- Vivimos en valores de blancos y negros: yo no puedo Vs el otro puede, por lo tanto yo tengo que poder y si no puedo me hundo. Y la gama de los grises pasaría por: sé que quiero conseguir algo, busco la forma de conseguirlo y lo intento para superarme, no para compararme. (Y como plus, yo sólo veo lo que ha conseguido el otro, no la lucha que hay detrás).

- Desgaste emocional: tras cada fracaso merma nuestra autoestima y nos desgasta para el siguiente intento.

- Seguimos intentando conseguir las cosas por las mismas vías. Es como darse cabezazos contra un muro. Si haciendo X no consigues lo que quieres, prueba con Y o con Z. Pero no te empecines en X.


No creo y no quiero creer en el “No puedo” y aquí va mi mejor ejemplo recién superado no hace ni dos meses.

Situación: Ir al gimnasio

Mente: “Yo no puedo ir de forma regular”

Maticemos: “Yo no quiero ir, pero TENGO QUE IR porque es bueno para mi salud: gano más resistencia y flexibilidad que me viene bien para bailar, quiero mantenerme en forma. Y tener más fuerza y aguante para cuando vaya por la montaña.” O sea no quiero ir, pero quiero los beneficios de ir… ¡vamos como todas! Tonta no soy…

Antecedentes: desde los 15 años apuntándome y desapuntándome. Yendo de forma regular aguantaba 2-3 veces por semana un mes y no más. “Nunca he podido ir de forma regular” así que… ¿nunca podré? Ni de coña. Pero era un desgaste emocional que ya os podéis imaginar.

El día de ir: Nunca quería ir y cada vez que cargaba con la mochila al cole o al trabajo era un show: qué palo ir, no quiero ir, estaría mejor en casa, ¿por qué tengo que ir? es que de verdad que no puedo, estoy cansada, voy mañana… ¡pero si hasta somatizaba! Me llegaba a entrar dolor de barriga o migrañas que sólo se me iban cuando decidía en firme que ese día no iba. Mientras estuve en tratamiento por el trastorno por atracón parecía que estaba un poco más motivada pero vamos, nada del otro mundo. Ir seguía siendo un esfuerzo titánico para mí. Y mira que una vez allí no lo pasaba tan mal… 

Herramientas: para tener ganas de ir, durante todos estos años he probado de todo: escribirme en un papel los beneficios de ir, ponerme canciones cañeras que me motiven a ir, hacer meditaciones con mensajes subliminales para ir al gimnasio (¡os juro que esto existe!), enfadarme conmigo mismo, tratarme con condescendencia (“no pasa nada, si un día no vas, total ya llevas 6 meses sin ir”), escribir mis motivaciones para ir, retocarme fotos para motivarme a cómo me vería después de meses yendo, pedir a amigas que me enviaran whatsapp para animarme a ir, pedir a amigas que me enviaran whatsapp echándome bronca por no ir, quedar con conocidas en el gimnasio… ¡Nada funcionaba de forma permanente! No será por no haberlo intentado.

Hasta que…

Mi mayor confesión: “Yo no puedo hacerlo… sola”. Tan simple como esto.
No pude luchar contra los atracones yo sola aunque quería, así que me traté en un centro y pude. Quise hacer todo el tratamiento sin químicos y pedí que me retiraran medicación al cabo de unos 3 meses, así que ya está ya he cubierto la cuota de orgullo malentendido, ya puedo reconocer que hay otra cosa que no puedo hacer sola, que quiero hacerla y que he agotado todas las vías para hacerlo sola y no han funcionado. No me voy a seguir dando de cabezazos contra esa pared.

Solución: He contratado a un entrenador personal.

Veredicto: No pude y ahora puedo

“Yo no puedo” es el título de este post. La mayor mentira del mundo. Ahora lo sé… Y tú, ¿realmente no puedes?

4 comentarios:

  1. Plas, plas, plas,plas!!! Y te hago una ola también ;)
    Gracias, gracias y más gracias.
    Hija mía, tendrías que asesorar a más de un/a psicólogo/a
    Sigue please, tú sí que puedes! ;)

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  2. Muy buena entrada. En el caso del gimnasio, sin duda la mejor manera es ir con alguien. Si es entrenador personal es óptimo, porque nunca va a fallar y te motiva. Si fuera con algún amigo/a/os/as, también puede servir, pero hay que asegurarse antes de que ellos no van a fallar regularmente. Muy clara tu argumentación, y un espejo en el que todos nos podemos reflejar en algún aspecto de nuestra vida. Podríamos decir que "puedo, pero aún no he encontrado la manera, hay que probar algo nuevo", como remedio "universal". Creo que tendemos a sobrevalorar el pasado como una especie de maldición. Si, por ejemplo, alguien ha sido mal estudiante toda su vida, puede pensar que no es lo suyo, y sin embargo tiene tantas opciones de empezar bien un nuevo curso como al principio, pero esa losa le hará creer lo contrario y persistir en sus fallos, que no hacen sino reforzar la sensación de incapacidad, y así en un círculo vicioso que hay que cortar. Estoy pensando ahora cómo me lo aplico yo a mi caso. Tendemos a vernos como hemos sido hasta ahora, sin darnos cuenta de que, de ahora en adelante, somos libres de reinventarnos, si encontramos la manera. Ahora en broma: ¡sí se puede!. Gracias por la entrada. Besos

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    1. Muchas gracias por tu comentario y estoy de acuerdo contigo en absolutamente todo: una cosa es llevar el pasado en el recuerdo y otra llevarlo como un grillete atado al tobillo que nos impide avanzar. Un abrazo fuerte.

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