Texto atracones

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Sobre mí

¿Quién soy yo? Muy buena pregunta, lástima que no os la pueda contestar. Porque ni yo misma lo sé. Lo estoy descubriendo día a día. Mejor dicho, ME estoy descubriendo día a día.

Me llamo Meritxell y desde que tengo memoria, la comida ha jugado un papel importante en mi vida. Tan tan importante que se convirtió en parte de mí y de mi personalidad. Hasta los 20 años más o menos yo era una chica gordita que adoraba las golosinas, los dulces, los pasteles… Y que era capaz de gastarme perfectamente 1.000 pesetas de entonces en golosinas y bolsas de patatas en la tienda del barrio. Varias veces a la semana. Creo que en una ocasión, llegué a pesar la bolsa de chuches y la báscula marcaba más de medio kilo de “porquerías”. Toda una barbaridad, una inyección en vena de puro azúcar… Y alternaba esas épocas con otras, en las que me controlaba un poco más y comía lo que había que comer, o lo que mi madre ponía en la mesa.

Pero a partir de los 25 años más o menos, ya caí en picado. Año tras año, la comida se fue adueñando de mi vida, de mis ilusiones, de mis sueños, de mis miedos e inseguridades… hasta que me dominó por completo. Chucherías, bolsas de patatas, comida rápida, bollería, chocolatinas, pizzas, helados, tartas, fritos… ésa era la base de mi alimentación. Estuve prácticamente enclaustrada durante unos cinco años, sólo trabajaba y comía: estudiaba y trabajaba por obligación y comía por placer. Esos años, me dediqué a mi vida profesional: tenía varios trabajos, estudiaba… Pero en ese tiempo también dejé de salir, me encerraba en casa acompañada de bolsas del súper, veía la tele, no quedaba con amigos, no tenía hobbies, no me atrevía a ir a ningún sitio por culpa de mi ya excesiva obesidad, ¿pareja? (me río a carcajadas) ninguna… Y así llegué a los 30 años con 125 kilos de peso (bueno, vaaaale 124.500 kilos, era sólo por lo del redondeo). Pues así me planté en la treintena con ese peso y algo más, una etiqueta. Tuve un toque de atención y busqué ayuda acabando en un centro especializado en trastornos alimentarios donde le pusieron nombre a lo que estaba siendo mi vida: Trastorno por atracón.

Estuve dos años en ese centro haciendo terapia de grupo semanal y terapia individual y me dieron el alta hace algo más de un año. No, no he llegado a la meta pero corro a buen ritmo. En todo este tiempo estoy empezando a vivir cosas de las que me había privado la comida durante muchos años. Y, a cambio, fui dejando lastres por el camino. Y como lastre también cuentan los algo más de 51 kilos que se han quedado en el camino de esta lucha. Cada día me sigo enfrentando a cosas nuevas y difíciles para mí que me hacen dudar, seguir batallando, cuestionarme cosas, morirme de miedo… pero también ilusionarme un poquito. Lo suficiente para continuar andando.

En este blog no os hablo desde el huracán que representa estar metida completamente en el trastorno por atracón, porque es una lucha tan dura que te agota física y mentalmente. Pero tampoco os escribiré desde el final del camino. Os escribo desde un punto en el que he dejado el trastorno por atracón a mis espaldas, pero sigo sintiendo muy de cerca su aliento en mi nuca. Cada día, lo iré dejando más atrás, sólo es cuestión de tiempo y esfuerzo.

A las personas que estén inmersas en esta dura enfermedad quiero ofrecerles mi experiencia y mi ayuda, a través de las líneas de este blog. No os digo sólo que se puede salir, os digo que yo ya tengo los dos pies fuera y que dejar los atracones vale la pena. No lo supongo, lo sé, lo vivo cada día. Mi sueño es alejarme cada vez más de esta enfermedad y recuperar cada día lo que la comida me ha quitado durante tantos años.

Me podéis escribir para lo que queráis, os ofrezco mi mano para lo que necesitéis... Sólo habrá algo de lo que no os hablaré nunca y es de dietas. Ya sé que el tema de mi pérdida de peso es muy goloso y llamativo pero este blog no va de perder peso, va de vivir. Y, por supuesto, espero seguir viviendo, al igual que espero seguir perdiendo un poco más de peso (¡tonta no soy!). Pero no soy nutricionista, ni dietista, no me privo de ningún alimento, ni debo hacerlo. Las dietas, los alimentos prohibidos, las pastillitas mágicas que te hacen perder 15 kilos en 1 semana, los ayunos, la dieta de la manzana, la de la pera, la del melocotón y la de su primo… Todo eso lo único que hacer es jugar con los deseos y anhelos más íntimos de las personas.

Como de todo, a mis horas y en las cantidades que debo; sigo unas pautas de alimentación sanas y saludables marcadas (y exigidas) por el centro de tratamiento de trastornos alimentarios. Sigo sus reglas aunque no me gusten, pero son beneficiosas para mi salud mental y física. No hay más. Mi mail: milpesetasdechuches@yahoo.com

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